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A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba a través de las cortinas pesadas de la habitación matrimonial, bañando el espacio con una cálida claridad. Park Jimin abrió los ojos lentamente, sintiendo la suave brisa matutina que entraba por la ventana entreabierta. Aún estaba adaptándose a la nueva realidad de su vida, pero había una sensación de calma en el aire que le permitió despertar sin la angustia del día anterior.

Al poco tiempo, se escucharon suaves golpes en la puerta. Jimin se incorporó en la cama y, con un tono de voz gentil, dio permiso para entrar. Una sirvienta se asomó, haciendo una reverencia profunda antes de hablar.

—Excelencia, el príncipe Jungkook lo espera en el jardín.

Jimin asintió y, con la ayuda de la sirvienta, se vistió rápidamente con un conjunto adecuado para salir. Su mente estaba llena de curiosidad sobre lo que Jungkook podría querer mostrarle tan temprano. ¿Quizás quería tener una conversación seria sobre su futuro? O tal vez solo quería que pasaran tiempo juntos, para construir algún tipo de relación más allá de lo político.

Al salir de la habitación y dirigirse al patio, Jimin sintió un leve nerviosismo en su pecho. Las losas de piedra del pasillo estaban frías bajo sus pies mientras avanzaba, y su corazón latía con anticipación. Al llegar al patio real, sus ojos encontraron de inmediato a Jungkook, quien estaba de espaldas, acariciando la cabeza de su yegua blanca, Rain.

Jimin se detuvo en seco, incapaz de creer lo que veía.

Su yegua, Rain, su compañera más fiel en su antiguo hogar de Hoendong, estaba allí. La emoción lo abrumó y se apresuró hacia Jungkook y Rain, casi tropezando con sus propios pies en su prisa. Al percibir su presencia, Jungkook se giró con una ligera sonrisa en los labios, permitiendo que Jimin se acercara a Rain.

—Rain... —susurró Jimin, su voz llena de asombro y felicidad mientras acariciaba el suave pelaje de su yegua—. No puedo creer que estés aquí.

Rain relinchó suavemente en respuesta al toque familiar de Jimin, quien se inclinó sobre el cuello del animal, cerrando los ojos y permitiendo que la calidez de su conexión lo envolviera. Después de un momento, se volvió hacia Jungkook, todavía incrédulo.

—¿Cómo... cómo es posible? Pensé que nunca más la volvería a ver —dijo Jimin con emoción.

—Antes de que partiéramos de Hoendong, me aseguré de que tu pura sangre fuera traída aquí, a tu nuevo hogar —explicó Jungkook—. Sabía cuánto significaba para ti y pensé que te haría feliz tenerla aquí contigo.

Las palabras de Jungkook conmovieron profundamente a Jimin. No pudo evitar sonreír, su corazón llenándose de una calidez inesperada. Dio un paso adelante, cerrando la distancia entre ellos, y abrazó a Jungkook con gratitud.

—Gracias, Jungkook. Esto significa mucho para mí —susurró, apoyando la cabeza en el hombro de su esposo. Luego, sin pensarlo demasiado, depositó un suave beso en la mejilla de Jungkook, sintiendo cómo su propio rostro se sonrojaba ligeramente.

Jungkook se quedó quieto por un momento, sorprendido por el gesto, pero pronto sonrió. La cercanía de Jimin y el gesto afectuoso fueron inesperados, pero bienvenidos. Sentía que, aunque el camino por delante sería complicado, había esperanza de que su relación pudiera evolucionar de maneras que ambos no habían previsto.

—Rain es importante para ti, y eso ahora es importante para mí —respondió Jungkook con sinceridad.

Jimin lo miró, aún sonrojado pero con una sonrisa tímida en su rostro.

Jungkook, todavía con una sonrisa en los labios después del abrazo y el beso en la mejilla, se apartó un poco para observar a Jimin. Había algo diferente en la expresión de su nuevo esposo.

Destino Flechado ↑Kookmin↓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora