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Para Shisui el tiempo había pasado muy rápido. Aunque realmente había pasado una semana y media desde que Akatsuki había llegado a la aldea.
Su trabajo se había intensificado notablemente, al ser uno de los hombres más cercanos a Minato, era obvio que lo encargaría de estar al tanto de los nuevos ninjas. Y ver que se estuvieran adaptando bien.
Para la fortuna de Shisui, todos ya estaban integrados en sus respectivos puestos, y lo hacían bastante bien. Los días de introducción y explicación estaban quedando atrás, ya se comportaban como si llevaran años siendo ninjas de la aldea.
Sobre todo Hidan, que luego de rotar por diferentes departamentos terminó eligiendo el departamento de tortura junto a Ibiki. Aunque en más de una ocasión lo había sorprendido discutiendo con ancianas religiosas de la aldea.
Cada uno había adaptado una rutina muy cumplida en sus puestos. Itachi, por su parte, estaba inmerso en su tratamiento médico, bajo el atento cuidado de Tsunade y su equipo.
Aunque se encontraba en la fase inicial de su recuperación, el progreso era notable y sus días eran más tranquilos, pasando tiempo en casa con Shizu.
Iba en las mañanas al hospital de la aldea, donde tenía sesiones de casi 3 horas, por lo que regresaba antes del almuerzo. Sus días se basaban en cuidar de Shizu, y cocinar para ambos, debido a que los miembros almorzaban en sus trabajos.
Shisui, aprovechando cualquier momento libre de sus deberes, había estado frecuentando la casa de akatsuki. Visitando frecuentemente a Itachi y Shizu.
Hoy no era la excepción. Caminaba por las calles de Konoha, llevando consigo una pequeña bolsa con frutas frescas, y dangos, un regalo para Itachi. Al llegar a la cabaña, tocó suavemente la puerta antes de entrar.
Tomó una bocanada de aire, no había perdido aún el nervio de pasar algo de tiempo con Itachi y Shizu. Se sentía como llegar a casa a ver a su pequeña familia.
—¡Shisui! —exclamó Shizu, corriendo hacia él con una gran sonrisa.
En los días que habían pasado había logrado ganarse la confianza y simpatía de su hija. Quien ya se estaba acostumbrando a verlo rondando todos los días.
—Hola, pequeña. ¿Cómo estás? —Shisui se agachó para abrazarla, sintiendo el cálido afecto de la niña.
—¡Estoy bien! Papá está en la cocina. —Shizu tomó la mano de Shisui y lo condujo hacia donde estaba Itachi.
Itachi estaba sentado en la mesa, leyendo un libro mientras descansaba. Al ver a Shisui, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Hola, Shisui. Bienvenido. —dijo Itachi, levantándose para saludarlo.
Shisui lloraría en cualquier momento si seguía sintiendo la calidez de estar en casa, con su pequeña familia, luego de tanto sufrimiento.
—Hola, Itachi. Traje algunas frutas, y dangos. Pensé que te vendría bien comer tus dulces favoritos. —Shisui le entregó la bolsa, notando la ligera sorpresa en los ojos de Itachi.