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El sol del atardecer teñía de naranja las calles vacías del distrito Uchiha

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El sol del atardecer teñía de naranja las calles vacías del distrito Uchiha. A esa hora, no había más que silencio entre las casas viejas, los árboles torcidos por los años y los recuerdos que seguían aferrados a las paredes. A Sasuke nunca le gustaba volver, pero esta vez fue él quien eligió el lugar.

Itachi llegó con paso firme pero contenido. Como si cada baldosa del suelo pudiera romperse si la pisaba con más fuerza. Había algo simbólico en estar ahí otra vez, con su hermano esperándolo frente al viejo dojo donde solían entrenar cuando todo aún parecía eterno.

—Gracias por venir —dijo Sasuke sin rodeos.

—Gracias por invitarme —respondió Itachi con el mismo tono medido.

El menor le había envido la razón de su cita el día anterior con Shisui. Había pasado una semana desde su última conversación.

Hubo un silencio denso, pero no incómodo. Era ese tipo de pausa que necesitan dos personas que cargan con demasiadas palabras.

—Quería hacerlo aquí —dijo Sasuke, mirando a su alrededor—. Si vamos a hablar de lo que pasó, no podía ser en un pasillo del hospital... ni en tu casa... ni siquiera con Naruto escuchando.

Itachi lo entendió al instante. El pasado no podía enfrentarse a medias. Había que ir al corazón de lo que dolía.

—¿Tú lo decidiste? —preguntó Sasuke de pronto—. ¿Lo hiciste por voluntad propia?

Itachi cerró los ojos por un segundo.

—No. Pero tampoco me resistí.

—¿Por qué?

—Porque creí que si yo no lo hacía, lo haría alguien más. Alguien sin cuidado. Alguien que no te habría dejado vivo.

Sasuke desvió la mirada.

—Y aun así me dejaste con las pesadillas.

—Lo sé —respondió Itachi con suavidad—. Pero también te dejé con fuerza. Y con verdad. Solo que no la recibiste toda.

—¿Y ahora?

—Ahora estoy aquí para darte lo que faltaba. Si me dejas.

Sasuke guardó silencio un momento. Luego, como si cada palabra pesara más de lo que debía, dijo:

—Quiero conocerla. A Shizu.

La mención del nombre fue más poderosa de lo que esperaban. Fue como abrir una ventana en una casa cerrada por años. Itachi lo miró fijamente.

—Lo harás. Pronto.

—¿Sabes cómo decírselo?

—No exactamente. Pero... tengo un plan. Shisui, ella y yo. Un fin de semana fuera, lejos de todo. Donde podamos hablar sin que nadie mire. Donde ella pueda llorar si lo necesita. Donde yo pueda llorar si no puedo evitarlo.

F I R E P R O O FHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora