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Aizawa estaba en medio de su clase, explicando una lección sobre técnicas avanzadas de combate a sus estudiantes. Aunque mantenía su característica expresión seria y enfocada, su mente no dejaba de pensar en Meredith y en los desafíos recientes. Los estudiantes seguían cada palabra, conscientes de la intensidad de su maestro.
De repente, su teléfono vibró en su bolsillo. Aizawa echó un vistazo rápido y vio que era un mensaje urgente de Present Mic. Frunciendo el ceño, se disculpó brevemente con la clase y salió del aula, llamando a Mic en el proceso.
─Mic, ¿qué sucede? ─preguntó Aizawa, su voz tensa.
─Aizawa, ¡necesitas venir ahora mismo! ─dijo Mic, su voz sonando un poco desesperada.─ Meredith... bueno, digamos que no está portándose muy bien y no estoy logrando controlarla.
Aizawa apretó los dientes y se dirigió rápidamente hacia la sala de juegos donde Meredith estaba. Al abrir la puerta, se encontró con una escena caótica. La habitación estaba cubierta de harina, como si una tormenta de nieve hubiera pasado por ahí. Meredith, en el centro del desastre, estaba riendo a carcajadas, con harina en su cabello y ropa. Present Mic, cubierto de harina de pies a cabeza, parecía completamente abrumado.
─¡Aizawa! ─exclamó Mic, visiblemente aliviado al verlo.─ Intenté mantenerla ocupada, pero... bueno, ya ves cómo terminó.
Aizawa no pudo evitar soltar un suspiro, aunque un pequeño atisbo de sonrisa se asomó en sus labios al ver a Meredith tan feliz. Se acercó a ella y se agachó a su nivel.
─Meredith, ¿qué es todo esto? ─preguntó, tratando de mantener una voz firme pero suave.
Meredith lo miró con una gran sonrisa y extendió los brazos, mostrando su obra maestra.
─¡Papá, harina! ─dijo, todavía riendo.
Aizawa tomó un momento para absorber la escena antes de hablar.
─Sí, veo mucha harina. Pero necesitamos limpiar todo esto, ¿de acuerdo?
Meredith asintió, aunque su entusiasmo no se desvaneció del todo. Aizawa se levantó y miró a Mic, quien intentaba sacudirse la harina de su ropa.
─Gracias por intentar ayudar, Mic. Realmente lo aprecio ─dijo Aizawa, aunque su tono era medio en serio y medio en broma.
Mic se rió, finalmente relajándose un poco.
─No hay problema, Aizawa. Siempre aquí para ayudar, aunque a veces termine cubierto de harina.
Aizawa asintió y luego se volvió hacia Meredith.
─Vamos, Meredith. Vamos a limpiar esto juntos, ¿de acuerdo?
La pequeña asintió y, con la ayuda de Aizawa y Mic, comenzaron a limpiar la sala. A pesar del desastre, Aizawa no podía evitar sentirse un poco más ligero de ánimo. Ver a Meredith tan feliz, incluso en medio de un pequeño caos, le recordaba por qué estaba luchando tan duro por ella.