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En la Liga de Villanos, la paciencia de todos estaba al borde del colapso

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En la Liga de Villanos, la paciencia de todos estaba al borde del colapso. Meredith, aún asustada y fuera de su entorno familiar, había pasado la mayor parte del día llorando y buscando a su "papá", Aizawa. Los villanos, no acostumbrados a cuidar de una niña pequeña, se mostraban visiblemente irritados.

─¡No puedo soportar más esto! ─gritó Dabi, golpeando una mesa con frustración.─ No es posible que una sola niña cause tanto alboroto.

Toga, sentada en un rincón, miraba a Meredith con una mezcla de curiosidad y fastidio.

─Quizás deberíamos simplemente... no sé, encontrar otra forma de calmarla ─dijo, aunque claramente no tenía ninguna idea mejor.

Shigaraki, con las manos sobre la cabeza, trataba de mantener la calma.

─Necesitamos mantener la concentración. Esta niña es crucial para nuestros planes, pero no podemos permitir que su llanto nos distraiga de nuestra misión.

En medio del caos, Kurogiri apareció, su presencia imponente y serena.

─Dejen que me encargue ─dijo con autoridad, tomando a Meredith en sus brazos.

Los otros villanos miraron a Kurogiri con alivio mientras él se alejaba con la niña. En una habitación más tranquila del escondite, Kurogiri comenzó a calmar a Meredith con suaves palabras y gestos.

─Shhh, pequeña. Todo está bien. Vamos a cuidarte, y pronto todo esto pasará ─susurró, meciéndola suavemente.

Meredith, aunque aún asustada, comenzó a calmarse lentamente en los brazos de Kurogiri. Él preparó un biberón de leche tibia y se lo dio, observando con satisfacción cómo Meredith bebía y se tranquilizaba.

─Necesitamos mantenerte saludable y segura, aunque estemos en este lugar ─murmuró Kurogiri, acariciando su cabello con gentileza.

Mientras tanto, en la sala principal, los villanos trataban de reanudar sus discusiones y planes, aunque la tensión todavía era palpable.

─Tenemos que encontrar una forma de mantenerla calmada sin que esto interfiera con nuestros objetivos ─dijo Shigaraki, mirando a los demás con firmeza.

─Kurogiri parece tener el toque para manejarla ─comentó Dabi, con una mezcla de alivio y resignación.─ Tal vez deberíamos dejar que él se encargue de ella más a menudo.

─Es una solución temporal ─respondió Shigaraki.─ Necesitamos una estrategia a largo plazo.

De vuelta en la habitación, Kurogiri observaba a Meredith, que finalmente se había quedado dormida después de beber su leche. La acostó con cuidado en una pequeña cama improvisada y la cubrió con una manta.

─Descansa, pequeña. Mañana será otro día ─murmuró, saliendo silenciosamente de la habitación.

Cuando Kurogiri regresó con los otros villanos, encontró que la discusión había vuelto a su curso, aunque la tensión persistía.

𝐏𝐚𝐩𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐜𝐜𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞『𝐀𝐢𝐳𝐚𝐰𝐚 𝐒𝐡𝐨𝐮𝐭𝐚』Donde viven las historias. Descúbrelo ahora