Capítulo XII

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¡Hola a todos! Y bueno, este capítulo mostrará el lado más cruel de Laena jejeje

Humillará a Rhaenyra de una forma tan cruel, que apenas parecerá ella misma.

No olviden comentar y votar jejeje

Los días de Rhaenyra y Daemon no estaban siendo fáciles, necesitaban reunir las pruebas para que Daemon pudiera tener custodia compartida de sus hijas, y así como Daemon deseaba que el juicio fuera pronto, también sabían que necesitaban tiempo para reunir las pruebas.

Ahora vivían juntos, y aunque Viserys les había pedido muchas veces que dejaran ese apartamento ''mugroso y con olor a humedad'' según palabras del mismo Viserys, y se fueran a vivir con él, ellos se habían negado porque no querían abusar de la amabilidad de Viserys.

Él insistía en que no era problema, que sería por un tiempo, pero ellos se negaron diciendo que estaban bien en el lugar en que estaban.

Daemon ahora había comenzado a trabajar como Uber, ya que ahora era su trabajo, no era solo un pasatiempo como era antes, el dinero no escaseaba aún, pero sabía que tampoco duraría para siempre.

Rhaenyra no tomaba casos privados, estaba usando sus ahorros, porque todo su tiempo quería invertirlo en solucionar el tema del juicio de Daemon. Él insistía en que tomara otros casos también, que no detuviera su carrera por él, pero ella se negaba.

Estaban juntos en eso, y ella había prometido ganar ese caso.

Rhaenyra y Daemon se esforzaban por estar bien, estaban felices estando juntos, pero también Rhaenyra no taba lo triste que estaba Daemon.

Laena no le permitía ver a sus hijas, y llamaba a la policía para hacer valer la orden de alejamiento cada vez que él siquiera intentaba alejarse, y Daemon cada vez se sentía más miserable por eso.

Él estaba desesperado, y Rhaenyra lo notaba. Finalmente, ella tomó una decisión. 

Ella no podía quedarse quieta mientras veía a Daemon hundirse más y más en la desesperación.

Sabían que su romance podía llevarlos a un desenlace grave, pero jamás esperaron que tanto, jamás esperaron que Laena le quitara las niñas a Daemon. 

Ahora ella se sentía culpable, no por estar con él, eso jamás podría lamentarlo, sino por la situación en que él se encontraba. 

Necesitaba hacer algo, aunque fuera una última súplica a Laena, a pesar de que ella sabía que no tenía el derecho de pedirle nada a su prima. 

Una mañana, luego de que Daemon saliera a trabajar, después de verlo mirando las fotos de sus niñas, ella decidió ir a ver a Laena.

Cuando Rhaenyra llegó a la puerta de la casa de Laena, el aire frío de la mañana se sentía como un recordatorio de la tensión que la esperaba al otro lado. Su corazón latía con fuerza, y sus manos temblaban ligeramente al alzar la mano para tocar el timbre. Sabía que la conversación que estaba a punto de tener sería difícil, pero estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para que Daemon pudiera ver a sus hijas.

Apretó los labios, cerró los ojos por un instante para reunir valor, y finalmente tocó el timbre, esperando que su súplica no cayera en oídos sordos.

Laena abrió la puerta con una expresión de sorpresa que rápidamente se transformó en una mirada de frialdad al ver a Rhaenyra en el umbral. Su postura rígida y el modo en que entrecerró los ojos mostraban claramente que no estaba para nada contenta con la visita inesperada.

- ¿Qué haces aquí?- preguntó Laena de forma cortante, no era cercana a su prima antes de lo sucedido, y ahora mucho menos. 

Laena apenas podía creer que Rhaenyra estaba allí, aunque tenía curiosidad por saber que estaría haciendo la pequeña lagartija allí.  

Rutas prohibidas (Daemyra)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora