Una vez más. Solo una más y ya.
Recorrí mentalmente el sinuoso camino, embarrado pues había llovido la noche anterior. Las ruedas de neumático, veintiuna exactamente, eran el primer obstáculo. Bien, ese era fácil, siempre lo hacía a la primera. Pasé la vista al siguiente. Una pared negra, lisa y resbaladiza por las gotas que cubrían su superficie, esperando, expectante, a que la escalara de alguna manera. Ese me había costado al principio, pero ahora era un paseo.
Después de la muralla, unas cuerdas finas pero afiladas, destinadas a que me balanceara
por ellas con la mísera protección de unos guantes de lino verdes.
Unos guantes. Como los de él.
Aparté esos pensamientos de mi cabeza. Hacía meses que había pasado y probablemente
él no me dedicara ni medio pensamiento. Estaría muy ocupado intentando recuperar a
Gina.
Pero no podía conseguirlo si yo la liberaba antes.
Céntrate. Por muy buenos planes que tengas y mucho entrenamiento, si no superas estos
estúpidos obstáculos nunca te convertirás en agente y Lorena nunca confiará en ti lo
suficiente como para que tengas una oportunidad para soltarla.
Me centré de nuevo. Mi conciencia tenía razón. Si no conseguía ganarme su confianza, no
podría liberar a Gina jamás. Volví a centrarme en el recorrido. Después de las cuerdas,
tenía que correr sobre el barro medio kilómetro, mientras me lanzaban pelotas de tenis,
hasta llegar a un campo de tiro, coger una pistola y apuntar a los muñecos que se movían,
incesantes, a quince metros de distancia.
Las cuerdas se me daban mal, pocas veces conseguía sortearlas, pero los disparos...
Digamos que mi puntería es de dudosa calidad.
- ¿De dudosa calidad? Tu puntería es para morirse de risa. - me giré y me encontré
cara a cara con Ivär. Bufé molesta y sus ojos castaños me miraron, divertidos.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me leas la mente? Estás invadiendo mi
privacidad.
Me dedicó una media sonrisa y se disculpó.
- Perdón, pero es que cuando te enfadas o te concentras mucho prácticamente
estás gritando lo que piensas.
- Pues ponte tapones mentales.
- No funciona así y lo sabes. - pasó un brazo alrededor de mis hombros y juntó su
cabeza a la mía. Noté nuestras mejillas presionadas y me señaló las cuerdas con la
barbilla.- Tu problema radica ahí. Te haces daño en las manos y, distraída por el dolor,
descuidas tu postura y se te olvida cómo disparar.
Fruncí el ceño. Lo que decía tenía bastante sentido. Pero de todas formas, aunque
solucionara eso, seguí teniendo problemas para pasar las cuerdas.
- Te paras mucho a pensar y no utilizas el impulso. Si lo aprovecharas, te
balancearías más y llegarías mucho más lejos en menos tiempo.
Lo taladré con la mirada.
- Lo sé, lo sé, perdona. Pero es que estás tan mona cuando estás confusa... No
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Infiltrada [escribiendo]
FantasyUna espía Un ladrón Dos caminos Un solo destino Carlota era una guardia de seguridad en un pequeño museo. Énfasis en era. Un día, traen un diamante a su museo y durante su turno de guardia tiene el placer de conocer al ladrón que le cambiará la vi...
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