Capítulo 17

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Era lunes por la mañana, y el sol se filtraba suavemente a través de las ventanas del salón donde Utahime estaba preparando los últimos detalles para la asesoría privada de Satoru. Había organizado sus materiales con precisión,libros, notas, y algunos ejercicios que sabía que a Satoru le costarían, pero que también disfrutaba porque siempre le daban la oportunidad de lucirse con sus bromas. Revisó su teléfono, viendo un mensaje de Satoru: "Ya casi llego, prepárate para ser impresionada 😎".

Utahime sonrió, esa sonrisa que últimamente no podía quitarse del rostro. Se acomodó en su asiento, moviendo algunos papeles cuando, de repente, la puerta del salón se abrió con suavidad, dejando entrar a Shoko, quien trataba de no hacer ruido, pero sus pasos apresurados y la expresión de su rostro la delataban. Utahime soltó una risa ligera, divertida por el intento discreto de su amiga.

—Siempre tan sigilosa, ¿eh, Shoko? —dijo Utahime, sonriendo ampliamente mientras dejaba caer sus manos sobre la mesa.

—¡Ay, no te burles! —Shoko bufó, mientras dejaba su bolso en una silla cercana.—No quería llegar tarde, pero... ya sabes, mi versión de "a tiempo" es diferente —agregó con una sonrisa torcida.

Utahime no pudo contenerse y se echó a reír nuevamente, haciendo que Shoko se uniera a la risa. Después de unos momentos, Shoko, aún con una sonrisa, preguntó con un tono más curioso. —Bueno, bueno, dejando mi torpeza de lado... ¿cómo te fue el fin de semana con Satoru y la fiesta del abuelo George? —preguntó, mientras se acomodaba en una silla frente a Utahime.

—Ya sabes, tuve que fingir que me había torcido el tobillo para que mis padres no fueran —dijo con una expresión traviesa, mientras arqueaba una ceja.—No quería agobiar a Satoru con tanta compañía familiar. Imagínate, mi madre y la tuya juntas habrían convertido todo en una reunión improvisada de las mejores amigas. Aunque, claro, mi idea era mantenerme al margen y darles su espacio, pero mejor prevenir que lamentar, ¿no crees?

Utahime la miró agradecida, pero también con esa complicidad que solo ellas dos compartían. No necesitaban explicarse demasiado; sabían exactamente lo que la otra quería decir.

—¡Oh, Shoko! —exclamó Utahime, casi sin poder contener la emoción que sentía.—¡Fue todo tan perfecto! Desde que llegamos, Satoru fue encantador, participo en el juego de polo, ¡y ganó! Mi abuelo estaba fascinado con él. Pero lo mejor fue después, cuando... —Utahime hizo una pausa, sus ojos brillando de felicidad mientras sus manos hacían pequeños gestos nerviosos.— Me llevó a un rincón, lejos de la fogata, y me recitó un poema que él mismo escribió.

Shoko abrió los ojos con sorpresa, inclinándose hacia adelante en su silla, completamente cautivada.

—¿Un poema? ¿Satoru? ¡No me lo esperaba de él! —exclamó, divertida pero genuinamente sorprendida.

Royal HeartDonde viven las historias. Descúbrelo ahora