La marcha hacia Wildamar comenzó poco después del mediodía, cuando los últimos destacamentos asignados al Yelmo ocuparon sus posiciones y el contingente de la Duodécima quedó preparado para partir bajo las órdenes de Lance y Alindra. Saya había visto ejércitos desplazarse antes, incluso algunos considerablemente mayores, pero nunca había contemplado una fuerza militar capaz de conservar semejante precisión mientras abandonaba una fortaleza recién salida de un asedio. La Rosa del Rayo no avanzaba como una multitud armada, sino como un organismo cuyas partes parecían conocer de antemano la función que debían cumplir.
Los exploradores montados marchaban varias millas por delante y regresaban periódicamente con informes sobre caminos, aldeas, puentes y cualquier señal de movimiento enemigo.
A ambos flancos cabalgaban grupos menores destinados a detectar emboscadas, mientras la infantería ocupaba el cuerpo principal de la columna dividida por cohortes y cada una seguía su propio estandarte. Los carros de provisiones, herramientas, medicinas y municiones permanecían protegidos en el centro, acompañados por sanadores y por aquellos practicantes de magia cuya función principal no era combatir, sino mantener funcionando aquella pequeña nación ambulante.
Lance rara vez permanecía mucho tiempo en un mismo lugar de la columna. Saya lo veía avanzar hasta la vanguardia para recibir el informe de los exploradores, regresar junto a Alindra para discutir cambios de ruta y después reducir el paso hasta llegar a los carros de intendencia, donde preguntaba por las reservas de agua, el estado de los animales o cualquier retraso producido por los caminos.
No parecía disfrutar especialmente de que miles de personas obedecieran sus decisiones; para él, el mando era una responsabilidad práctica y no una ceremonia, y aquella manera de ejercerlo conseguía que Saya lo observara más de lo que estaba dispuesta a reconocer.
Alindra, en cambio, permanecía buena parte de la jornada cerca de la primera mitad de la columna. Recibía las órdenes del teniente y las convertía en movimientos concretos para las cohortes, enviando cabos, modificando posiciones o utilizando los distintos toques de cuerno para comunicar cambios que podían recorrer la formación entera sin necesidad de que Lance levantara la voz. Saya empezó a comprender que aquella eficacia no provenía únicamente del rango del paladín; hombres y personas como Alindra y Jarllic eran los nervios que permitían que su voluntad llegara hasta miles de soldados.
Edrel parecía disfrutar especialmente contemplando aquel funcionamiento.
—Empiezo a comprender por qué vuestro amigo barbudo parecía tan tranquilo cuando tenía un ejército delante —comentó mientras cabalgaba junto a Lidaria—. Si yo tuviera detrás a tanta gente haciendo exactamente lo que digo, probablemente también sería insoportable.
Alindra, que había alcanzado a escucharlo desde unos metros más adelante, volvió ligeramente la cabeza.
—¡Jarllic era insoportable mucho antes de recibir autoridad!
Lance soltó una risa.
—Eso también es muy cierto.
Saya sonrió sin intervenir, aunque su mirada permaneció sobre el paladín durante unos instantes más. Le resultaba desconcertante observar cómo alguien capaz de comportarse con tanta naturalidad junto a ellos podía convertirse, con una simple orden, en el centro de una maquinaria militar de aquella magnitud.
Durante el primer día avanzaron hasta que el sol comenzó a ocultarse detrás de las planicies occidentales. Los cuernos anunciaron entonces la preparación del campamento y Saya volvió a quedar impresionada por la velocidad con la que la columna se transformó. Los soldados no se limitaron a detenerse y encender hogueras al azar; cada cohorte ocupó una sección previamente asignada, los carros formaron un perímetro interior y los puestos de vigilancia aparecieron alrededor del campamento antes incluso de que las primeras tiendas quedaran levantadas.
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Las Reliquias Primigenias: La Esfera de los Planos
Kỳ ảoDurante eones, las fuerzas del bien y del mal han luchado por el control de Avador, la gran rueda universal que conecta los innumerables planos de la creación, desde las cumbres celestiales hasta los abismos más oscuros. En el origen del universo, l...
