La noticia sobre la Esfera de los Planos continuó pesando sobre la antigua oficina de Merdilak incluso después de que Lance terminara de explicar cuanto Azakar había revelado antes de morir.
La luz del amanecer entraba ya con mayor intensidad por las ventanas del Yelmo y se extendía sobre el mapa de Gortarnar, iluminando caminos, cordilleras y regiones que hasta aquella mañana no habían significado para ellos más que nombres escritos sobre pergamino. Ahora cualquiera de aquellos lugares podía ocultar una reliquia capaz de alterar el equilibrio de los planos.
Alindra permaneció de pie junto a uno de los extremos de la mesa, con los brazos cruzados sobre la armadura y el ceño fruncido. Había dejado de mirar a Saya, aunque la presencia de la nigromante seguía incomodándola de una manera que ya no podía atribuir sólo a sus prejuicios contra aquellas artes. Después de unos momentos de reflexión, dirigió la atención hacia Lance.
—¿Cuánto confías en las últimas palabras de Azakar?
Lance contempló el mapa antes de responder.
—Lo suficiente para investigar, pero no para asumir que dijo toda la verdad. Un hombre acorralado puede mentir por miedo, por desesperación o simplemente para arrastrar a sus enemigos hacia otra trampa —miró hacia su mejor amiga —. Sin embargo, si existe siquiera una posibilidad de que la Esfera esté realmente en Gortarnar, ignorarla sería una irresponsabilidad.
Jarllic acarició lentamente su larga barba mientras estudiaba las rutas marcadas sobre el pergamino.
—También podría haber dicho la verdad sin conocerla por completo —analizó el guerrero —. Si el Cráneo Arcano lleva tiempo buscando esa reliquia, es posible que ni siquiera ellos sepan dónde se encuentra exactamente.
Saya sintió un estremecimiento apenas perceptible ante la mención del gremio, pero mantuvo el rostro sereno.
—Eso es probable. Los rumores sobre objetos de esa magnitud suelen crecer más rápido que la información verdadera —sus dedos tamborileaban sobre la mesa —. Un registro mal interpretado, una alteración de la magia o incluso un portal inestable pueden convertirse en la supuesta aparición de una reliquia después de pasar por suficientes bocas.
Alindra volvió lentamente hacia ella.
—¡Hablas con bastante seguridad!
Saya sostuvo aquella mirada sin permitir que la inquietud alcanzara su expresión.
—He estudiado magia durante más tiempo del que muchos reinos humanos llevan conservando sus fronteras. Sería extraño que no hubiese aprendido nada durante esos años.
—¡No estaba cuestionando tu edad!
—¡Entonces deberíais formular mejor vuestras preguntas!
La respuesta arrancó una pequeña sonrisa a Edrel, aunque tuvo la prudencia de esconderla detrás de una mano. Lidaria, en cambio, observó a ambas con evidente cautela; apenas habían pasado unas horas desde su primer enfrentamiento verbal y ya parecía claro que ninguna estaba dispuesta a conceder terreno a la otra.
Alindra apoyó ambas manos sobre la mesa.
—La muerte permanece adherida a tu magia incluso cuando no estás conjurando. Puedo sentirla desde que entraste en esta habitación, como si siempre hubiese algo siguiéndote.
Los dedos de Saya se cerraron ligeramente alrededor de su bastón. Los ecos espirituales que habitualmente permanecían a su alrededor se volvieron apenas más audibles, ya que su propia irritación había debilitado momentáneamente el control con el que los mantenía contenidos.
ESTÁS LEYENDO
Las Reliquias Primigenias: La Esfera de los Planos
FantezieDurante eones, las fuerzas del bien y del mal han luchado por el control de Avador, la gran rueda universal que conecta los innumerables planos de la creación, desde las cumbres celestiales hasta los abismos más oscuros. En el origen del universo, l...
