Pedri estaba terminando de doblar su ropa cuando el llanto de Hugo lo hizo detenerse, saliendo apresuradamente de la habitación para dirigirse hacia donde se movía el pequeño cachorrito en su cuna.
—Hola, hombrecito. ¿Qué pasa? ¿Tienes hambre o debería cambiarte el pañal? —murmuró extendiendo los brazos para sacarlo de la cuna.
Lo arrulló contra su pecho mientras se giraba hacia la mecedora, tratando de comprobar que estaba bien. Acostumbrado a tratar con los cachorros, confirmó que necesitaba cambiarle el pañal y lo hizo en un mínimo de tiempo, hablándole y cantándole durante todo el proceso hasta que su llanto cesó y su rostro se serenó, secándose las lágrimas que habían correr por sus mejillas.
—Estás mejor ahora, ¿no? —sonriendo, lo cargó en sus brazos y salió de la habitación—. ¿Por qué no me acompañas a desayunar? Tenemos casi todo el día libre sólo para nosotros.
Bajando las escaleras con cuidado, continuó hablando con el cachorro mientras se dirigían a la cocina. Era el primer día que los dejaban solos, después de haber pasado el día anterior despidiéndose de Balde en el aeropuerto, y Ferran preparándose para regresar a su rutina en el trabajo, solo faltaba que Pedri se adaptara a la soledad de la casa.
A diferencia de su casa, él no se sentía tan solo, la casa del alfa se sentía tan acogedora sin incomodarlo y tenía suficiente espacio para poder moverse, su lugar favorito era el patio donde últimamente se dedicaba a refrescarse y disfrutar del sol, además le encantaba poder observar los atardeceres desde allí.
También su parte favorita era haberse mudado a una de las habitaciones de arriba, sin poder evitar estar justo frente a la habitación del alfa, donde había tenido en múltiples ocasiones pequeños vistazos al interior y poder presenciar como su aroma se concentraba allí.
Su lobo insistió en entrar en varias ocasiones, estaba desesperado por encontrar ese lugar específico de toda la casa donde predominara el aroma del alfa, pero sabía que hacer eso sería demasiado personal, debía limitarse a las interacciones que el mayor.
Pensando en Ferran, decidió si era buena idea intentar hacer una cena, ahora que el alfa estaría trabajando y probablemente llegaría cansado a casa, no quería molestarlo preocupándose de preparar también la cena, así que se encargaría él mismo.
Hugo estaba atento a sus movimientos, parecía escuchar y ver atentamente todo lo que hacía el omega mientras preparaba su desayuno, mientras hablaba con él y se entretenía con los ruidos que le venían a la mente.
La mañana estuvo tranquila respecto a la tarde, sin permitirse tomar sus características siestas para poder estar atentos a cualquier cosa que pudiera surgir. Cuando sonó su teléfono celular mientras arrullaba al cachorro para que se durmiera, se apresuró a contestar antes de que el sonido pudiera molestarlo.
—¿Si? —respondió en un susurro comprobando que el pequeño aún descansaba plácidamente en sus brazos.
—Hola, Pepi —la animada voz del alfa y el apodo que éste había tomado con llamarlo lo hizo sonreír.
—¿Cómo estás?
—Sólo llamaba para asegurarme de que todo estuviera bien.
—Está todo está bien por aquí, ahora mismo me aseguro de que Hugo pueda tomar su siesta por la tarde.
—Oh, entiendo. Entonces colgaré, no quiero molestarte, por la tarde llego... ¿Quieres que te lleve algo para cenar? Hay varios restaurantes de camino a casa.
El omega pensó en cómo decirle que quería cocinar para él, mordiéndose el labio con nerviosismo.
—De hecho, pensé que podría preparar la cena hoy, si no te importa.
El comentario tomó a Ferran con la guardia baja, guardándose silencio por unos segundos mientras pensaba qué decir.
¿Prepararle la cena? No esperaba ese gesto de su parte, incluso pensó que podría ir al supermercado después de su trabajo a reponer el refrigerador, no le importaba llegar y cocinar como ya era costumbre entre ellos.
—No me molesta en absoluto. Pero, ¿estás seguro? Realmente puedo comprar algo, no hice la despensa de la semana y estaba pensando en hacerlo saliendo del trabajo, no estoy seguro de qué puedas encontrar algo para cocinar —confesó, con un ligero sonrojo desde el otro lado de la línea.
—Está bien, déjame encargarme de ello.
Su tono de voz confiado lo hizo sonreír, asintiendo incluso cuando no lo veía.
—Bueno, si quieres hacerlo por mi está bien.
—Bien, entonces nos veremos más tarde.
—Hasta luego, Pepi.
Con un último adiós, colgó la llamada.
Ferran se quedó mirando la pantalla de su teléfono celular, el nombre del omega resaltado en letras grandes por su contacto guardado.
Su lobo se movía con cierto placer sabiendo que llegaría y tendría ese tipo de recibimiento, demasiado hogareño para él.
No era algo que le molestara, al contrario, lo recibió con mucho gusto, sólo que no quería agobiar al omega más de lo que ya podía ser al cuidar a su cachorro y lidiar consigo mismo y mejorar su salud.
Su primer día de trabajo no estaba siendo tan desagradable como pensaba. Una parte de él estaba tensa sólo de pensar en las posibles miradas y preguntas que tendría al llegar, pero contrario a lo que pensaba, solo fue recibido por un par de sonrisas y abrazos de bienvenida, además de felicitaciones por convertirse en papá.Ni siquiera su jefe le había dado una charla incómoda sobre los motivos de su ausencia, simplemente lo recibió con una sonrisa y le explicó lo que haría en su primera semana de reingreso, dándole su propio tiempo para adaptarse a la rutina en la empresa.
El tiempo pasó más rápido de lo que imaginaba, y sin creerlo ya estaba grabando su salida del trabajo y dirigiéndose al estacionamiento para regresar a su casa.
Dejó escapar un suspiro que no se había dado cuenta que estaba conteniendo, feliz de saber que vería a su cachorro y Pedri también estaría esperándolo, se preguntó cómo habría sido ese día sin su presencia.
Condujo con cuidado por la ciudad, recordando perfectamente el camino de regreso a casa como antes. Al doblar la esquina, apenas visualizó su hogar fue cuando desprendió un par de feromonas, inundando el interior del auto con un aroma empalagoso por la felicidad que irradiaba con sólo de pensar en llegar.
No pudo esperar lo suficiente mientras estacionaba en el garaje, saliendo disparado del auto directo a la entrada de su casa mientras buscaba las llaves de la puerta, abriéndose y siendo recibido por un dulce aroma a comida desde el interior.
—¡Estoy aquí! —anunció su llegada dejando su maletín y su abrigo en el perchero antes de quitarse los zapatos.
Cambiándose los zapatos por uno más cómodo, se dirigió a la cocina donde predominaba el aroma a comida, sonriendo al ver como el omega se balanceaba lentamente con el sonido de la música que sonaba desde el reproductor y lo hacía bailar a él y a su cachorro.
—Oh, Ferran, bienvenido —Pedri mostró una gran sonrisa tan pronto como lo vio darse la vuelta.
Y cuando el alfa notó esa sonrisa que incluso provocó que el omega entrecerrara los ojos y cómo apretaba protectoramente a su cachorro en sus brazos, hablándole de la comida que les había preparado, fue cuando se dio cuenta que estaba dispuesto a adaptarse a esa nueva rutina, una en la que al llegar a casa del trabajo tendría a su cachorro y a un omega esperándolo y disfrutaría lo que quedaba del día.
La idea no le molestaba, de hecho su lobo pidió y exigió que se hiciera realidad, deseando que así fuera todos los días.
Y Ferran estuvo de acuerdo con su lobo.
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For Us | Fedri
Fanfiction(fp) - Donde Ferran acaba de perder a su pareja después de dar a luz a su cachorro ; o en donde Pedri es el enfermero que se encarga del área de enonatos, cuidando de su bebé durante todo ese tiempo y descubriendo que su pareja destinada. Adapta. @...