Nadie sabe como será.

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Era un lunes caluroso, el aire fresco de la mañana apenas lograba aliviar la sensación del sol golpeando el pavimento del colegio. Rose Mary Vega, con su uniforme perfectamente planchado, su tipica chamarra de cuero roja y su cabello pelirrojo brillando bajo la luz, caminaba junto a sus amigas Paulina y Mariana. Aún quedaban rastros de las carcajadas que compartieron en el trayecto, pero un tema en particular llamaba la atención.

— Oye, ¿ya escuchaste del nuevo? —dijo Paulina, acomodándose su mochila de marca—. Que es becado y quién sabe de dónde salió, pero dicen que es un genio.

—¡Ah, sí! —interrumpió Mariana—. Dicen que sacaba puro diez en su escuela...

Rose Mary soltó un suspiro y rodó los ojos. Su lugar como la alumna número uno nunca había estado en duda, y no pensaba permitir que un recién llegado le quitara su trono.

Al entrar al salón, notó de inmediato la presencia de Tenoch García. Estaba en la primera fila, su uniforme no era de las marcas caras que acostumbraban sus compañeros, y no parecía tener el más mínimo interés en las miradas curiosas que lo seguían. Su postura relajada lo hacía ver como si estuviera acostumbrado a situaciones nuevas, pero lo que realmente captó la atención de Rose Mary fue la conversación en la que estaba inmerso con la profesora.

— Clase, quiero que den la bienvenida a Tenoch —dijo la profesora—. Él se integra este año con una beca de excelencia.

Rose Mary casi no pudo evitar soltar una pequeña risa sarcástica. "¿Beca de excelencia? ¡Por favor! Este chavo no tiene idea de en dónde se está metiendo", pensó mientras cruzaba los brazos con aire de superioridad.

La clase transcurrió, pero cuando la profesora comenzó a hacer preguntas, Tenoch, con una calma pasmosa, empezó a responder todas con una seguridad que sorprendió a más de uno. Matemáticas, ciencias, lo que fuera. Cada respuesta era precisa, sin dudar. Incluso en historia donde Rose era muy, buena, sin embargo historia e Inglés, eran las únicas materias donde no la destronaba aún. Paulina y Mariana se miraban entre sí, desconcertadas. Rose Mary apretaba la mandíbula. No podía permitir que ese chico la superara.

Finalmente, la profesora lanzó una pregunta compleja sobre álgebra, una que normalmente solo Rose Mary era capaz de responder sin problemas. Pero antes de que ella pudiera levantar la mano, escuchó la voz de Tenoch con total confianza dar la respuesta correcta.

Rose Mary volteó a ver a sus amigas con un gesto que lo decía todo: este chico se había metido con la persona equivocada. Sin embargo, mantuvo su compostura. Sabía que la competencia apenas comenzaba.

Durante el recreo, mientras Paulina y Mariana discutían sobre el nuevo alumno, Rose Mary los observaba desde lejos. Tenoch estaba sentado solo, leyendo un libro sin preocuparse por lo que pasaba a su alrededor. Era como si le diera lo mismo lo que los demás pensaran.

— Se cree muy fregón, ¿no? —Comentó Paulina, mirando de reojo a Tenoch.

— A ver cuánto le dura —agregó Mariana, sonriendo con suficiencia.

Rose Mary, sin embargo, no lo subestimaba. Sabía que Tenoch no era un oponente cualquiera. "Esto apenas comienza", pensó mientras lo observaba desde la distancia.

 "Esto apenas comienza", pensó mientras lo observaba desde la distancia

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