Nadie habla de eso.

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Era lunes por la mañana y el tío de Rose la había dejado en la entrada de la escuela a tiempo. Mientras bajaba del coche, sentía una mezcla de nervios y emoción en el estómago. Estaba feliz de volver a ver a Tenoch, pero también con una determinación nueva, una idea clara de que, si quería sentirse bien, debía empezar a tomar las riendas de su vida. Sus pensamientos regresaban a su padre; de algún modo, sentía que también podía ayudarlo a salir del hoyo en el que estaba. Pero por ahora, su atención estaba en el presente.

Caminó hacia la entrada de la escuela, el bullicio típico de un lunes la rodeaba, pero de pronto, su mirada se desvió hacia Alex. Él caminaba con la cabeza gacha, como intentando ignorar a los murmullos y las miradas de sus compañeros. Sabía que la situación con Marifer lo había dejado en una posición incómoda, y la gente en la escuela no ayudaba.

Sin pensarlo dos veces, Rose corrió hacia él, alcanzándolo justo antes de que pasara la puerta.

— ¡Alex! —lo llamó mientras entrelazaba su brazo con el de él.

Alex se detuvo, sorprendido al verla, pero una pequeña sonrisa se formó en su rostro al sentir el apoyo de su amiga. Rose le devolvió la sonrisa con una mirada firme, como diciéndole "aquí estoy, no estás solo". Mientras seguían caminando juntos, Rose escuchó los murmullos y risitas de algunos compañeros que los observaban.

— ¿Qué chingados ven, eh? —gritó de repente Rose, girándose hacia el grupo que los miraba fijamente—. ¡Ya, pinches chismosos!

Los murmullos se intensificaron, y escuchó a uno de los chicos decir "joto" en dirección a Alex. El enojo de Rose subió de golpe, y sin pensarlo, comenzó a empujar a algunos de los chicos que estaban en su camino.

— ¿Qué dijiste? —les espetó, empujando a uno de ellos con fuerza—. ¿Qué te pasa? A ver, di algo más, cabrón.

Los chicos rieron nerviosos, pero retrocedieron cuando vieron la determinación en los ojos de Rose. Sabían que, aunque fuera pequeña, tenía carácter, y nadie quería realmente meterse en problemas con ella. Alex permanecía en silencio a su lado, pero agradecía su presencia más de lo que podía expresar. Rose volteó los ojos con frustración y siguieron su camino.

— Gracias, Rose —murmuró Alex cuando finalmente se alejaron del grupo.

— No tienes que agradecerme nada —respondió ella rápidamente—. Son unos idiotas, no tienes que hacerles caso.

Caminaron juntos hasta llegar a la biblioteca, el lugar donde los del negocio solían reunirse. Tenoch ya estaba ahí, junto a Dani y memo, esperándolos.

Cuando Rose y Alex llegaron a la biblioteca, Tenoch ya los estaba esperando. Estaba sentado con los demás, pero apenas vio a Rose entrar, su expresión cambió por completo. Una gran sonrisa se formó en su rostro, y sin pensarlo dos veces, se levantó rápidamente, caminando con pasos decididos hacia ella.

— ¡Rose! —dijo, emocionado, mientras la envolvía en un abrazo. Su energía era contagiosa, y Rose sonrió al sentir la calidez de sus brazos. Pero justo cuando él se inclinó para besarla, ella levantó una mano entre ellos y, riendo, lo detuvo.

— ¡Eh, eh! Nada de besos todavía —dijo con una sonrisa traviesa, mirándolo a los ojos—. No besos hasta que seamos novios, ¿recuerdas?

Tenoch se quedó quieto un segundo, sorprendido, pero luego soltó una carcajada, echándose hacia atrás con una sonrisa pícara.

— Ah, con que así será —dijo, su tono juguetón. Pero en su mirada había algo más: una chispa que le decía que aceptaba el reto.

Dani, que había estado observando, se rió y lanzó un comentario en tono burlón.

Te estoy mirando (Nadie nos va a extrañar) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora