POV OMNIPRESENTE
Después de la vomitada masiva, las chicas se apresuraron a entrar en una tienda de souvenirs, todas medio apenadas, pero urgentemente buscando un lugar donde esconderse.
Freen—¡Chicas, apúrense, que apestamos! —dijo con cara de asco, tapándose la nariz como si fuera a desmayarse.
Love—Claro, seguro ni sé de quién fue la culpa... —respondió con un tono sarcástico, mirando a todos con una mezcla de furia y humor.
Freen—Ya me disculpé... —dijo entre risas nerviosas, aunque las miradas asesinas de las demás la hicieron cerrar la boca rápidamente. Sin más que decir, cada una comenzó a buscar ropa para cambiarse. Todas agarraron suéteres y pantalones, ya que el clima se había vuelto frío. Bueno, todas menos Love, que, con su piel aun ardiendo, eligió un short y una camiseta sin mangas.
Era casi cómico verlas, todas con la misma pinta, como si fueran parte de un tour organizado. Afortunadamente, el olor a vómito desapareció después de una rápida ducha en las duchas públicas del mercado.
Después de limpiarse y cambiarse, siguieron disfrutando del mercado, jugando en los juegos de la feria y comiendo, ya que todas habían devuelto lo que habían comido antes. Se acercaron a un puesto de algodones de azúcar que estaba casi por cerrar, atendido por una señora con un aura un tanto extraña.
Freen—Buenas, ¿me podría dar 12 algodones rosas, por favor? —preguntó con una sonrisa.
Señora—Uy, niña, debiste venir antes. Solo me quedan 6 —dijo, mostrando los algodones con una expresión de disculpa.
Beck—¿No podría hacerme los otros 6, no importa si son de otro color? —preguntó sin darle mucha importancia.
Señora—No, mi niña, es que ya va a empezar la tormenta, y tengo que recoger todo —respondió con una mezcla de pena y preocupación.
Freen—¿Tormenta? Pero si todo el día estuvo supersoleado. Ni siquiera se ven nubes —dijo, obviamente escéptica.
Señora—Sí, la anunciaron por la mañana. Parece que va a estar fuerte —dijo, con un tono algo misterioso.
Freen—Bueno, deme los 6. Me los llevo —dijo, entregándole el dinero y recibiendo los algodones.
Freen—No se ve como si fuera a llover... —murmuró mientras se alejaban del puesto.
Beck—Sí, tal vez solo ya no quería vendernos más. Se ve cansada —comentó con comprensión.
Volvieron con las chicas y repartieron los algodones de azúcar, uno a cada pareja, ignorando las advertencias de la señora. Sin embargo, empezaron a notar que algunos puestos estaban cerrando y que el ambiente se sentía raro. El mercado nocturno normalmente cerraba a las 4 de la mañana, y aún eran las 10 de la noche. Entonces, sucedió: una ráfaga de viento derribó algunos cartones, los puestos comenzaron a temblar, y gotas de lluvia empezaron a caer. El aire se sentía denso, y el cielo se oscureció con nubes amenazantes.
La tormenta golpeó con fuerza, y en cuestión de segundos, todo se volvió un caos.
Beck—¡Por Dios, vamos al café que vimos a la entrada! —gritó, tomando la mano de Freen y comenzando a correr. Solo Milk y Love la escucharon, así que ellas también corrieron hacia el café. Las demás se apresuraron a refugiarse en la tienda de souvenirs.
Freen, Beck, Milk y Love llegaron empapadas y riendo al café. Entraron, pidieron servilletas y se secaron lo mejor que pudieron, aunque la preocupación no tardó en aparecer al no ver a las demás chicas.
