¿CONFESIONES?

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POV FREEN

Desperté entre los brazos de Beck con un ligero dolor de espalda, pero no me quejé. A pesar de todo, ese sueño había sido el más reparador de mi vida. El sonido suave de la respiración de Beck y el calor de su abrazo me habían dado la paz que necesitaba después del caos de ayer.

Con cuidado, me deslicé fuera del colchón improvisado, asegurándome de no despertar a nadie. Miré alrededor y me detuve un momento para observar a las chicas. Estaban todas tan profundamente dormidas que, por un segundo, sentí un impulso de dejarlas así todo el día. Love estaba medio enrollada con Milk, quien parecía estar sosteniéndola para que no se cayera del sofá. Engfa y Char estaban esparcidas en un sillón, con las mantas tiradas por todas partes. June y View estaban acurrucadas juntas en el colchón más pequeño, y View tenía una pierna casualmente encima de June. Marissa e Ize estaban en la esquina, sus manos ligeramente juntas, lo cual me pareció curioso, pero no quise darle más vueltas.

"Bien, Freen, es hora de hacer algo productivo", pensé, estirándome. Pero luego recordé que cocinar algo muy grande no era precisamente mi punto fuerte. Beck era la heroína del grupo cuando se trataba de alimentar a este ejército. Yo, por otro lado, probablemente causaría un incendio si intentara algo muy grande.

Con esa idea descartada, decidí pedir desayuno. Saqué mi teléfono y me di cuenta de que aún estaba apagado, probablemente desde anoche. Lo conecté y lo  encendí, al instante, llegaron un montón de notificaciones. Ignoré los mensajes (seguramente nada era más importante que alimentar a este grupo) y abrí la app de comida a domicilio.

Freen—¿Qué pedir para un grupo de zombis hambrientos? —murmuré para mí misma mientras navegaba entre opciones. Me detuve en un menú que ofrecía de todo: hot cakes, huevos, fruta, y hasta café. Perfecto.

Realicé el pedido y me aseguré de incluir suficientes opciones para que ninguna se quejara. Freen—Con esto nadie podrá decir que no pensé en todas —dije, satisfecha conmigo misma.

A los treinta minutos, el timbre sonó. Corrí hacia la puerta con el sigilo de una ninja para no despertar a nadie, aunque la repartidora parecía tener otros planes. Repartidora—¡Buenos días! ¡Su desayuno está aquí! —dijo, tan alegre que casi lo invitaba a entrar para que despertara a las chicas por mí.

Freen—¡Shhh! —respondí, llevándome un dedo a los labios—. Hay un grupo de personas dormidas adentro que pueden volverse feroces si las despiertas-

La repartidora rio, entregándome las bolsas, y se fue con un "¡provecho!". Cerré la puerta con cuidado y llevé el desayuno a la cocina. El olor a café y hot cakes comenzó a llenar la casa, y escuché los primeros movimientos en la sala.

Love fue la primera en aparecer, con el cabello desordenado y envuelta en una manta como un fantasma. Love—¿Qué es ese olor? ¿Es comida?-

Freen—Buenos días a ti también, Love. Sí, es comida. Anda, siéntate-

Milk apareció poco después, estirándose y bostezando. Milk—¿Hiciste todo esto tú sola?

Freen levanté una ceja y señalé las bolsas. Freen—Por supuesto que no. Esto es gracias a la magia del delivery. No soy Beck, ¿recuerdas?-

Milk rio y comenzó a servir café. Poco a poco, el resto del grupo empezó a aparecer, arrastrando los pies y murmurando buenos días. Beck, por supuesto, fue la última en despertar, aún medio dormida mientras me daba un beso en la frente y tomaba una taza de café.

Beck—¿Esto lo hiciste tú? Estoy impresionada-

Freen—No exactamente. Pero lo organicé, lo cual cuenta-

VeranoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora