Ecos de ilusión

54 23 2
                                        

El aire está fresco esa tarde, más frío de lo que esperaba, y el crujir de las hojas secas bajo mis pies es el único sonido que acompaña mi caminar. Estoy aquí, en el mismo lugar donde nos conocimos, el mismo bosque, pero algo es diferente. No sé qué es exactamente, pero hay una tensión en el aire, una anticipación que no puedo quitarme.

Cuando llego al claro donde normalmente me siento a descansar, noto que ya hay alguien esperándome. Él está de pie, apoyado contra un árbol, su mirada fija en el suelo. Apenas me ve acercarme, levanta la cabeza, y su sonrisa es instantánea, casi desafiante, como si ya supiera lo que iba a decirme antes de que yo hablara.

—Pensé que no ibas a venir. —Su voz es baja, pero tiene una mezcla de diversión y algo más, algo que no puedo leer.

—Nunca dije que no lo haría. —Respondo con un toque de desafío, aunque mi pulso se acelera un poco al verlo. Hay algo en su presencia que me inquieta, pero también me atrae.

Él da un paso hacia mí, sus ojos recorriéndome de arriba a abajo de una manera que no me molesta tanto como debería.

—Lo sé. —Su tono es ligero, pero tiene una profundidad que me hace preguntarme si realmente está tan tranquilo como parece. —¿Listo para ver si paso tu prueba?

Lo miro por un momento, con una sonrisa juguetona, tratando de mantener la distancia.

—¿Pasar la prueba? ¿No eras tú el que tenía que impresionar? —respondo, cruzándome de brazos.

Él se encoge de hombros, sin apartar la mirada.

—Impresionarte es solo una parte. La otra es ver si eres capaz de dejar que alguien más te sorprenda.

Sus palabras me hacen detenerme, y por un segundo, no sé cómo responder. ¿Realmente estoy dispuesta a permitir que me sorprenda? ¿O estoy simplemente jugando el mismo juego que él?

—Supongo que tendré que ver qué tienes preparado entonces. —Mi tono es menos desafiante, más curioso, y me doy cuenta de que realmente quiero saber qué va a hacer.

Él sonríe con satisfacción, como si estuviera esperando que dijera eso. Da un paso atrás, gesticulando hacia el sendero que se extiende ante nosotros.

—Un paseo, entonces. ¿Te atreves?

Es una invitación sencilla, pero con una nota de desafío. Como si fuera más que un simple paseo. Como si estuviera poniendo a prueba algo más.

—¿Un paseo? —repite, como si le estuviera dando más importancia de la que realmente tiene. Me acerco un paso más, observando sus reacciones con más interés. —Supongo que no me vas a sorprender solo con caminar, ¿no?

Él sonríe, un brillo de diversión en sus ojos.

—No solo con caminar, no. Pero el paseo es solo el comienzo.

Me quedo un momento en silencio, contemplando sus palabras. Por alguna razón, ahora siento que este paseo no va a ser tan simple como parece.

—Vamos a ver, entonces. —Digo finalmente, decidiendo seguir su juego, al menos por un rato.

Comenzamos a caminar juntos, el crujir de las hojas bajo nuestros pies el único sonido que nos acompaña. El bosque está tranquilo, pero hay algo en el aire que me hace sentir más alerta. Es como si todo fuera una prueba, como si él estuviera buscando algo en mí, y yo no estoy tan segura de qué es lo que él espera encontrar.

—¿Así que siempre eres tan misterioso? —pregunto, rompiendo el silencio, aunque sé que en el fondo quiero saber mucho más que eso.

Él da un pequeño toque en su garganta, como si estuviera considerando su respuesta.

Los Cambiantes Donde viven las historias. Descúbrelo ahora