El aire estaba cargado, como si el mundo entero hubiera dejado de moverse. Mi corazón latía con tanta fuerza que me era difícil concentrarme en algo que no fuera él, en esa proximidad que nos envolvía, el calor de su cuerpo tan cerca del mío. Sus ojos seguían fijos en los míos, oscuros, profundos, como si estuvieran buscando algo que no podían encontrar. El silencio que nos rodeaba era absoluto, y por un momento, sentí que no había nada más que él y yo.
La distancia entre nuestros labios se acortó nuevamente, pero esta vez, no hubo dudas. Aidan me tomó por la nuca, atrayéndome hacia él con un movimiento tan suave, pero tan decidido, que no pude hacer otra cosa más que seguirlo. Nuestros labios se encontraron con una urgencia que no esperábamos, como si todo lo que habíamos reprimido estallara en ese instante.
Fue un beso abrasador, lleno de deseo y pasión contenida. Sus labios se deslizaron sobre los míos con fuerza, exigiendo más, y yo respondí con la misma intensidad. Sus manos se movieron a mi espalda, presionándome contra su pecho, mientras yo me aferraba a su camisa, sintiendo su cuerpo contra el mío. La electricidad entre nosotros era palpable, y mi respiración se aceleró, casi asfixiada por la cercanía.
Podía sentir la tensión acumulada en cada movimiento, en cada caricia. La manera en que sus manos exploraban mi espalda, y la forma en que su boca exigía la mía, todo era demasiado, demasiado intenso. Como si el simple acto de besarnos se hubiera convertido en una necesidad urgente, como si todo lo que habíamos estado callando y negando explotara en ese instante.
Aidan me rodeó con más fuerza, y yo, casi sin pensar, respondí con la misma desesperación. Mis dedos se hundieron en su cabello, atrayéndolo aún más cerca, si es que era posible. El roce de su cuerpo contra el mío me hacía sentir cosas que no sabía que existían, una mezcla de fuego y dolor, pero también de alivio, como si finalmente nos estuviéramos entregando el uno al otro después de tanto tiempo de dudas.
La intensidad de su beso me dejó sin aliento. Cada segundo que pasaba era más electrizante, más peligroso. No podía detenerme, no quería. Estábamos tan atrapados el uno en el otro que el mundo exterior ya no existía.
Finalmente, cuando nos separábamos, ambos estábamos temblando, la respiración entrecortada, los ojos llenos de algo que no podíamos explicar. Nos miramos, buscando respuestas, pero solo encontramos más preguntas. Pero en ese momento, no importaba. Todo lo que importaba era que estábamos juntos, en ese instante, en esa conexión tan profunda que no podíamos escapar.
Cuando finalmente nos separamos, ambos estábamos exhaustos, como si hubiéramos corrido una maratón sin fin. Mis labios ardían, mi cuerpo temblaba levemente por la intensidad de lo que acabábamos de compartir. La habitación parecía estar más caliente de lo normal, como si el aire mismo estuviera cargado con la electricidad que habíamos liberado. Pero a medida que la calma empezaba a instalarse, una pregunta se formó en los ojos de Aidan.
Sus dedos temblorosos acariciaron mi mejilla, y por un segundo, el brillo en sus ojos parecía vacilar. Mirándome fijamente, su voz raspa la quietud del momento, cargada con una intensidad que no esperaba.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó, casi en un susurro, como si lo que acababa de suceder entre nosotros le resultara demasiado real para procesarlo. Sus palabras fueron lentas, como si estuviera buscando las respuestas en mis ojos—. Sabes lo que eso significa, ¿verdad?
No podía decir nada. No podía encontrar las palabras para explicarlo, porque, en cierto modo, yo tampoco sabía por qué lo había hecho. Todo lo que sabía era que estaba atrapada en una marea de emociones intensas que no podía controlar.
Pero sus siguientes palabras hicieron que mi estómago se encogiera, como si una sombra se deslizara por el aire.
—Ahora te tocará todo lo malo, todo lo que vengo arrastrando —dijo, su tono bajo, pero cargado de una amenaza silenciosa. Sus ojos, que antes brillaban con una mezcla de deseo y vulnerabilidad, ahora se oscurecían con algo más profundo, algo más peligroso—. No tienes idea de lo que esto significa, Isobel. En lo que te has metido.
Mis manos temblaron al escuchar su advertencia. Su voz, que antes había sido tan cercana y cálida, ahora tenía un filo que me hacía retroceder, aunque no quería. La intensidad de su mirada me hizo sentir que estaba viendo algo que no quería comprender, pero que, de alguna manera, ya había tocado.
—No me arrepiento de lo que hice —dije, a pesar de la creciente inquietud que se apoderaba de mí. Mi voz no sonaba tan segura como me habría gustado, pero era lo único que podía ofrecerle.
Aidan cerró los ojos por un momento, como si estuviera luchando contra algo dentro de él. Cuando los volvió a abrir, había una tristeza profunda en su mirada, una que me atravesó sin previo aviso.
—No sabes en lo que te estás metiendo, Isobel. Todo lo que has hecho ahora... no hay vuelta atrás. —Su tono se suavizó un poco, pero la amenaza seguía presente, tan palpable como el aire en la habitación—. Tendrás que enfrentarte a las consecuencias, porque yo no puedo... protegerte de esto.
El peso de sus palabras me aplastó. Por un instante, me sentí completamente perdida, como si todo lo que acababa de suceder estuviera condenándome a un destino del que no podía escapar. Pero, al mismo tiempo, una parte de mí no podía arrepentirse. Estaba demasiado atrapada en lo que sentía por él, en lo que nos habíamos dado el uno al otro.
—Lo que sea —respondí finalmente, con un susurro que, aunque débil, estaba lleno de una determinación que ni yo misma esperaba.
Aidan me miró un momento más, como si estuviera evaluando si lo que acababa de decir era algo que realmente podía sostener. Pero no dijo nada más. En su lugar, se quedó en silencio, y ese silencio parecía cargar el aire con un peso insoportable.
La atmósfera en la habitación estaba cargada de una tensión palpable, algo que no podía ignorar. Aidan estaba cerca, demasiado cerca, y la proximidad entre nosotros hacía que mi respiración se acelerara sin control. Sus ojos seguían fijos en los míos, como si intentara leer cada pensamiento, cada emoción que pasaba por mi mente.
Con lentitud, levantó una mano, su dedo índice rozó ligeramente mi brazo. El toque fue suave, casi como una caricia, pero el contacto directo me estremeció. Sentí un calor recorrer mi piel, y la forma en que sus ojos seguían cada uno de mis movimientos hizo que mi pulso aumentara.
Me quedé quieta, observándolo, sin saber muy bien qué hacer, cómo reaccionar. Él lo notó, y, sin apartar la mirada, deslizó su mano hacia mi cintura, atrayéndome lentamente hacia él. Estaba tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo, tan palpable que casi me cegaba. Su respiración era pesada, como si estuviera luchando por mantener el control, igual que yo.
Poco a poco, su mano subió hacia mi espalda, rozando la tela de mi ropa, creando una sensación de cosquilleo que recorría cada centímetro de mi piel. Los latidos de mi corazón se dispararon, resonando en mis oídos. Cuando sus dedos tocaron la base de mi cuello, sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
Aiden se inclinó lentamente hacia mí, su rostro tan cerca que podía sentir su aliento en mi piel. No hizo ningún movimiento brusco, pero su presencia era tan intensa que me hizo sentir como si el aire estuviera cargado de electricidad. El momento se extendió entre nosotros, el tiempo parecía haberse detenido.
—No sé qué estamos haciendo... —susurré, casi sin querer, mi voz temblando ligeramente.
Pero Aidan no respondió con palabras. En lugar de eso, deslizó una mano por mi espalda, acariciando suavemente, como si intentara transmitir algo más, algo que las palabras no podían expresar. Su toque era firme, pero no invasivo, y por un momento me sentí completamente vulnerable, completamente expuesta a él. Sin embargo, no me aparté. Algo en su presencia me anclaba al suelo, como si, por una vez, pudiera dejarme llevar.
Aidan finalmente me miró, su rostro tan cercano al mío que podía ver cada pequeño detalle de su expresión. Había algo en su mirada que me hacía sentir entendida, como si supiera exactamente lo que pensaba, lo que sentía.
—No me apartes —dijo en voz baja, con una intensidad que me dejó sin palabras.
No había necesidad de decir más. El aire entre nosotros se volvió más denso, y cuando nuestras manos se encontraron, el contacto fue un choque de emociones, una sensación que hizo que mi cuerpo reaccionara de manera instintiva. Sin pensarlo, me acerqué un poco más, sintiendo cómo la distancia entre nosotros desaparecía, cómo mi corazón latía más fuerte en mi pecho.
En ese momento, todo lo demás desapareció. Solo estábamos él y yo, rodeados de un silencio que se sentía mucho más fuerte que cualquier palabra.
ESTÁS LEYENDO
Los Cambiantes
Mystery / ThrillerEn Escocia, en 1820, los rumores sobre una nueva y extraña enfermedad se propagan rápidamente entre los habitantes de un pequeño pueblo. Se dice que aquellos que son tocados por esta maldición, conocidos como los Cambiantes, comienzan a perder lenta...
