Dias siguientes

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La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas, débil y vacilante, como si no se atreviera a entrar completamente en la habitación. Me desperté con la sensación de estar atrapada entre dos mundos, con la mente nublada, arrastrando las huellas de lo que había sucedido la noche anterior. Había sido todo un sueño... ¿o no? ¿Realmente pasé la noche con Aidan? Cada vez que intentaba recordar con claridad, las imágenes se desvanecían, como agua entre los dedos. Su rostro, sus ojos, su abrazo, todo parecía borroso, como si el aire se hubiera encargado de borrar cada detalle en cuanto me desperté.

Me quedé acostada, observando el techo, tratando de encontrar alguna respuesta en mi propio silencio. ¿Cómo podía haber dejado que algo así ocurriera? Sabía que había algo entre nosotros, algo que me atraía de una manera que no podía controlar. Pero eso no cambiaba el hecho de que no debía involucrarme más con él. Era peligroso, para mí y para todo lo que conocía. Aidan era un misterio, y aunque mi corazón me gritaba lo contrario, mi mente sabía que no debía seguir este camino.

Entonces, una suave golpeteo en la puerta interrumpió mis pensamientos. Lady Agnes, mi sirvienta, entró en la habitación con un aire grave que me hizo sentir algo más que una simple intriga. Sabía que traía algo importante.

—Señorita Isobel —dijo con su tono formal, pero con una leve preocupación en los ojos—, he traído una nota urgente. El príncipe desea conocerla.

Mi corazón dio un salto en mi pecho. ¿El príncipe? ¿Por qué? Me senté en la cama, confusa, y con el miedo aferrándose a mis entrañas. Nunca me había imaginado que alguien como él podría querer algo de mí.

Lady Agnes me entregó la carta, y mis manos temblaron ligeramente al sostenerla. No podía dejar de pensar en lo que implicaba todo eso. El príncipe, el hombre más codiciado del reino, había mostrado interés por mí. La carta estaba escrita con un trazo firme, pero lo que decía me dejó sin aliento.

—El príncipe ha regresado de su viaje y desea pasar unos días en el palacio con usted. Ha mencionado que se ha interesado por su carácter y por su belleza. Ha dicho que le parece una dama excepcional... y que quizás, le gustaría considerar la posibilidad de matrimonio.

Matrimonio. El príncipe. Mi mente no podía asimilarlo. Todo aquello era una locura, una broma de mal gusto, pero sabía que no era el momento de rechazar algo tan grande. Mi padre... mi querido padre. Sabía que si no tomaba esta oportunidad, me estaría defraudando a mí misma y a él. Mi vida no me pertenecía por completo; había muchas decisiones que no podía tomar sola.

Lady Agnes me observó en silencio, esperando mi reacción, pero yo no podía más que quedarme en shock, mirando la carta como si fuera un objeto extraño.

—¿El príncipe... matrimonio? —murmuré, incapaz de dar crédito a mis propias palabras. ¿Qué significaba eso? ¿Qué esperaba de mí?

—Sí, señorita —respondió Lady Agnes, su voz grave como siempre—. Es una oportunidad que no debe tomar a la ligera. El príncipe tiene mucho interés en usted, Isobel. No se trata solo de un encuentro casual, eso lo aseguro.

Mis pensamientos se entrelazaron en una maraña de dudas. Aidan, su mirada, el deseo que compartimos... ¿y ahora el príncipe? La opción de un matrimonio arreglado, de una vida tranquila pero limitada no podía simplemente ignorarlo. Mi padre había sacrificado tanto por nuestra familia. Si rechazaba esta oportunidad.

Suspiré profundamente, con la carta aún en mis manos, sintiendo el peso de la decisión que acababa de tomar. ¿Aceptar la invitación del príncipe? ¿Solo unos días? Tal vez sería lo más sensato, pasar un poco de tiempo con él, conocerlo mejor y entender si realmente había algo en sus intenciones más allá de una simple cortesía. El matrimonio, por supuesto, aún me parecía algo lejano, una idea demasiado grande y, honestamente, aterradora para considerarla ahora.

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