—¿Algo más? —pregunta finalmente, como si estuviera deseando cambiar de tema. La pregunta parece un intento de volver a la normalidad, de deshacerse de lo que acabamos de tocar.
—Nada, sólo... —comienzo, pero al ver cómo se mantiene en silencio, noto que lo mejor es dejar de intentar profundizar.
El ambiente se ha vuelto algo incómodo, y aunque intento mantener el tono ligero, la frialdad de su respuesta me hace sentir que algo no va bien. Él está tenso, su mirada fija en un punto lejano, y su postura parece más rígida, como si quisiera alejarse de la conversación sin ser obvio.
Sin embargo, de repente, se mueve hacia mí, cortando el silencio. No dice nada, solo hace un pequeño gesto y, antes de que pueda reaccionar, levanta una de las flores que había recogido del bosque. La sostiene entre sus dedos, observándola por un momento antes de acercarse lentamente.
—No hables más de eso —dice, esta vez con un tono más suave, como si estuviera buscando una forma de suavizar el ambiente. Sin previo aviso, coloca la flor en mi cabello, justo detrás de mi oreja, como un gesto delicado, casi instintivo.
Por un segundo, me quedo parada, sorprendida por el gesto. La flor, que antes estaba en su mano, ahora me adorna el cabello, y no puedo evitar sonrojarme ligeramente. Pero, en lugar de darme cuenta de la suavidad de su acción, noto que ha cambiado de tema por completo. Es como si estuviera buscando una forma de hacerme olvidar lo que acabo de decir, de desviar mi atención hacia algo más.
Me toco la flor con los dedos, un tanto desconcertada, sin saber si debo sonreír o hacer algún comentario.
—¿Esto es... tu forma de distraerme? —pregunto, medio en broma, medio en serio, mientras me miro en su dirección, esperando que me dé alguna explicación.
Él levanta la mirada y, por primera vez desde que mencioné el tema de la enfermedad, sus ojos muestran una leve chispa de diversión. Su expresión se suaviza, y el aire entre nosotros se aligera un poco, aunque la tensión no desaparece por completo.
—Tal vez. —Su voz se suaviza también, y su gesto es más relajado, aunque aún puedo ver la sombra de incomodidad en su rostro. —¿Te parece mal?
Sonrío, tocando la flor de nuevo, sin saber si debo reírme o seguir el juego.
—No, en absoluto. Es... un detalle bonito —respondo, casi sin pensar, pero con un toque de coquetería en mi voz.
Él no dice nada más al respecto, pero hay algo en la forma en que me mira que me hace pensar que no está tan relajado como intenta parecer. El cambio de tema ha sido claro, pero la atmósfera entre nosotros sigue siendo algo ambigua.
Y aunque el gesto de la flor ha sido suave, sé que no ha olvidado lo que hemos hablado. Pero al menos, por ahora, el silencio entre nosotros se ha vuelto un poco menos denso.
El silencio se alarga entre nosotros, pero esta vez no es incómodo; es una tensión palpable, como si el aire mismo estuviera cargado de electricidad. Nos miramos, los ojos de él fijados en los míos, evaluando algo que no puedo identificar, mientras yo intento mantener la calma, sin dejar que la presión de su presencia me afecte.
Doy un paso atrás, pero al hacerlo, mi pie tropieza ligeramente con una raíz del suelo, y antes de darme cuenta, él da un paso hacia mí, atrapando mi brazo en un rápido movimiento. El contacto es inesperado, casi violento, pero no me aparto. Su agarre es firme, pero no forzado, como si me estuviera sosteniendo en el límite de un equilibrio delicado.
—Cuidado, no quiero que te caigas —dice, su voz tan baja que siento cada palabra vibrando en el aire entre nosotros.
Me quedo quieta por un segundo, consciente del calor de su mano en mi piel, la firmeza con la que me sostiene, como si supiera que un simple movimiento podría romper la atmósfera que hemos creado entre nosotros. Sus dedos apenas rozan mi brazo, pero se siente como si todo mi cuerpo estuviera en alerta.
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Los Cambiantes
Mystery / ThrillerEn Escocia, en 1820, los rumores sobre una nueva y extraña enfermedad se propagan rápidamente entre los habitantes de un pequeño pueblo. Se dice que aquellos que son tocados por esta maldición, conocidos como los Cambiantes, comienzan a perder lenta...
