Ocho

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Miraba mi celular una y otra vez, que se encontraba encima de mi escritorio; estaba dando vueltas como un perro persiguiendo a su cola, desde que llegué de la escuela esa idea de disculparme con Mina vagaba por mi mente.

Claro que llegando lo escribí en mi diario, acerca de nuestra mini pelea provocada por mí.

Al diablo todo, era mi amiga y necesitaba disculparme. Tomé mi celular para buscar su contacto y marcarle, lo acerqué a mi oreja esperando  a que me responda.

—Hola—escuché su voz en el otro lado de la línea.

—Mina, en el parque donde practican skate en una hora—dije y le colgué.

Pues esa era la única manera en que posiblemente ella accediera, me lavé los dientes y me coloqué una chaqueta, guardé mi celular para salir de mi habitación.

Me encaminé hacia la habitación de mi mamá, la puerta estaba media abierta y solo me asomé, como se encontraba dormida, mejor no la quise despertar.

Salí de mi casa y fui hacia una tienda en donde vendían las golosinas favoritas de Mina, aprovechando que vendían flores, decidí comprar una de color rosa.

Me subí al tren observando el paisaje, pues estaba medio vacío y eso estaba bien, el problema sería de regreso, estaría lleno a tope.

Finalmente llegue al lugar en donde la cité, me fui a sentar a una barda mientras esperaba a que llegara, me sentía nervioso, tal vez y me dejaba plantado, si ese era el caso, pues lo entendía. Fui muy grosero con ella.

Había uno que otro chico practicando en su tabla de skateboard, se veía fácil pero lo más seguro es que yo no podría hacerlo, justo como aquel chico pelirrojo; desde aquí podía notar su frustración, lo intentaba y se caía, pero, al menos hacía el esfuerzo. Me entretuve con él, por alguna razón me estaba identificando; noté que algunas veces que se quedaba en el suelo, quería llorar, apretaba sus manos en puños por la desesperación que sentía.

Hasta que llegó un chico de cabello azul cielo, no parecía de aquí, su piel era muy pálida y tenía unos ojos hermosos. Se acercó a este para ayudarlo a ponerse de pie y lo abrazó, el pelirrojo se soltó a llorar; aunque estaba a lo lejos pude leer sus labios.

Soy un inútil.

—¿Llevas mucho esperando?—escuché la voz de Mina, así que voltee a su dirección.

—No mucho—respondí con una sonrisa.

Ella se sentó a mi lado, pero se quedó callada, era un silencio algo incómodo. De nuevo dirigí la vista hacia los chicos y ahora se encontraban sentados mientras que el de cabello azul cielo limpiaba las lágrimas del rostro del contrario. Era obvio que no eran amigos, eran algo más. Podía notar la mirada de amor que le dirigía. No pude evitar imaginarme a Eijiro, ¿en otro universo él se habrá enamorado de mí?

—Toma—le extendí la bolsa de las golosinas—quiero disculparme contigo Mina—miré hacia mi costado para buscar la flor, la tomé y también se la extendí—se que fui muy estúpido y no era mi intención herirte.

Mina recibió lo que le dí y me miraba atentamente, después de unos segundos observó la flor y sonrió.

—En verdad lo siento—suspiré—tú eres una gran amiga, pero en verdad perdóname, estoy pasando por mucho estrés. Ya sabes con lo del examen y eso—decidí mantener en secreto que mi madre estaba enferma—sé que no fue correcto lo que hice, te prometo que ya no descargaré mi estrés contigo.

—Está bien Kaminari, lo entiendo. Tranquilo—me dedico una sonrisa—aunque si me sorprendí, siempre estás muy alegre que creí que nunca te enojabas.

Y ese era el problema, por ser así me tenían en otro concepto, pero eso me lo ganaba por fingir ser alguien que no soy.

—Pero bueno, ya que estamos bien. Tú sabes que te quiero mucho y te tengo mucha confianza. Hay algo que quiero contarte—noté como sus mejillas se ruborizaron—me gusta alguien.

Al escuchar esa palabras ya sabía de quien se trataba, no quería escuchar pero era mi amiga, mis sentimientos tenía que guardarlos.

—Adivino—de nuevo miré a los chicos, pero ahora el de cabello rojo ya no lloraba y sonreían al verse—¿Kirishima?—no fui capaz de mirarla y me sorprendí por no tartamudear.

—¿En verdad es muy obvio? Pues si, es él. Es que, es muy lindo conmigo, tan atento y caballeroso, es todo lo que una chica busca.

—Y un chico también—murmuré. Por que si, los chicos también buscamos a alguien así.

—Perdón, ¿dijiste algo?

—No, no—dije al instante, pero esta vez si la miré—sí es muy obvio, se nota que ambos se g-gustan... —no lo quise decir, pero tuve que hacerlo.

—¿Lo crees? No quiero hacerme ilusiones, a veces siento que si y a veces que no.

—Por favor, todos lo notamos. Se miran de una manera muy tierna, puedo ver el brillo en sus ojos, sin duda, están enamorados...

—Es que siento que a veces es muy lento y que no será capaz de invítame a salir—suspiró haciendo un puchero.

—Bueno, si él no lo hace. ¿Por qué no lo haces tú? A los hombres también nos gusta que tomen la iniciativa, aunque lo correcto sería que fuera él.

—Pues si siento que se tarda, entonces lo haré yo—habló decidida—gracias Kaminari, sabía que puedo contar con tu apoyo.

—Sabes, a mi también me gusta alguien—por alguna razón quise decirlo.

—¿En serio?—la escuché emocionada—Ya sé, es Jirou, ¿verdad?

—¿Jirou?—arqueé la ceja. —¿Por qué piensas que es ella?

—No lo sé, ustedes dos encajan a la perfección. Así como Ejiro y yo.

Sentí como una daga atravesaba mi corazón, entonces, tal vez Sero tenía razón. Si yo fuera mujer tendría oportunidad con Eijiro.

—Sí, es ella—mentí.

—Que emoción, sin duda serían la pareja perfecta—miró la bolsa que le di y metió su mano para tomar una golosina. —En serio te quiero, me conoces a la perfección—me dijo cuando sacó su favorita.

—Claro que te conozco, eres mi mejor amiga.

—Gracias—me sonrió cálidamente—eres el mejor. Si me llegó a confesar a Eijiro, serás el primero en saberlo.

—Esperaré ese día. Estaré muy feliz por ambos... —mentira. Para nada lo estaría, se que suena muy hipócrita de mi parte, pero simplemente no puedo decirle que también me gusta el mismo.

Nos quedamos un rato más platicando sobre Eijiro, al menos estaba de acuerdo en muchas cosas, ella podía ver todas las cualidades de él. De vez en cuando miraba a los chicos, el chico pelirrojo ya estaba más calmado y feliz, mientras tanto, el de cabello azul cielo le enseñaba algunos trucos.

Al menos me alegraba por ellos, no los conocía, pero me sentía feliz de que ellos pudieran expresar su amor. Por que si, en un tiempo que los miré de reojo se llegaron a besar.

Ojalá pudiera estar así con Eijiro.

El Diario De Un Chico Alegre Donde viven las historias. Descúbrelo ahora