Doce

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Ya había pasado una semana desde que mi mamá se fue de este mundo, honestamente no tenía ganas de nada; no volví a agarrar mi celular, me desconecté completamente del mundo. Me la pasaba encerrado en la habitación, con las cortinas cerradas para no ver la luz, mi hermana era la que siempre tocaba a mi puerta para que bajara a comer.

A veces me llevaba el plato de comida, pero al final lo terminaba tirando sin que se diera cuenta, si de por si mi complexión ya era delgada, ahora lo estaba más. Agarré una maña y era la de lastimarme a mi mismo; tomaba una navaja para cortarme los brazos, esa era la manera para olvidarme un rato del dolor.

Claro que dolía, pero era menos.

Mis amigos no vinieron a verme, a excepción de Mineta y Bakugou que vino acompañado de Midoriya, pero no los quise recibir, así que mi hermana se encargó de ellos. Pero, ¿Eijiro? Ni siquiera se apareció, nunca creí Midoriya viniera a visitarme ya que solo hablábamos pocas veces.

Y mi padre, ese maldito ni siquiera se aparecía, cuando lo hacía se desquitaba con nosotros, siempre escuchaba los gritos de como se peleaba con mis hermanos, hasta creo que le llegó a pegar a mi hermana. No la pude defender porque estaba encerrado como un cobarde, pero no tenía las fuerzas necesarias para enfrentarme a él.

Escuché que tocaron a mi puerta, me puse de pie y me encaminé para abrir, estaba mi hermana con un plato de comida.

—Tienes que comer hermanito—me sonrió, pero aún así no mostré ninguna emoción, pues aquel Denki alegre había desaparecido.

—No tengo apetito hermana—me alejé de la puerta y regresé a mi cama.

—Denki, por favor come algo. Estas bajando de peso, cada día te notas más pálido y me preocupas—camino hacia mi cama para colocar el plato de comida en el buró—dime, ¿cuando fue la última vez que tomaste un baño?

—No lo sé—abracé mi almohada.

—Te me levantas ahorita mismo y te metes a bañar Denki, no puedes abandonarte, mamá no lo permitiría.

—Mamá ya no está aquí...

—Pero estoy yo-...

—¡Tú no eres mi mamá!—dije algo irritado. Pero cuando vi la expresión triste en su rostro me arrepentí.

—Sé que no lo soy, pero eres mi hermano menor. Tengo que cuidarte, así que te me levantas y te metes a bañar—señaló la puerta en donde se encontraba el baño—¿o preferirías a que te bañe yo?

—No—me reincorporé para sentarme—yo puedo.

—Bien, cuando termines bajas a comer con nosotros y no acepto un "no" por respuesta—tomó el plato que había dejado sobre el buró y salió de mi habitación.

Solo suspiré sintiéndome más fatal por hablarle de esa manera a mi hermana cuando lo único que hacía era tratar de apoyarme. Me levanté para caminar hacia mi clóset y sacar un cambio de ropa, me fui directo al baño sin ganas, honestamente no me quería bañar pero ya no quería seguir decepcionado a mi hermana.

Cuando terminé de bañarme bajé al comedor, en la regadera me preparé mentalmente para ver el rostro de mi padre, pero cuando levanté la vista no lo vi. Solo estaban mis hermanos y el amigo de mi hermano mayor.

—Ya está lista tu cena hermano—me dijo mi hermana y yo solo asentí.

Vi que el único asiento disponible era el que estaba a lado del amigo de mi hermano, así que tomé asiento. Aunque al inicio se sentía tan incómodo, nadie hablaba y el único que lo hacía era el chico pelinegro.

Yo no respondía, solo comía tranquilamente aunque por dentro tenía ganas de vomitar, mi estómago ya se había acostumbrado a no digerir nada.

De pronto escuché como mis hermanos se ponían a platicar entre ellos, sobre qué mi hermana pasaría la noche en casa de una amiga ya que tenía muchos trabajos atrasados.

Yo estaba tranquilo hasta que sentí como la pierna del chico pelinegro rozó la mía, quise creer que fue un accidente, pero sentía su mirada puesta en mi, no lo quise ver por miedo. En ratos me tocaba la pierna pero fingía ser un descuido, cada vez me sentía más incómodo pero no podía hacer nada, traté de buscar la mirada de mi hermana, pero en ningún momento me miró.

Solo escuché como se despidió, quise detenerla pero sabía que lo hacía para ponerse al corriente, ella también había faltado por mi culpa, todo por estar cuidándome.

Cuando terminamos de cenar, me encargué de lavar los trastes, necesitaba algo en que distraerme y aquello era perfecto, también para ayudar a mi hermana.

Eran pasadas de las 11 pm, yo me había quedado en el sillón mirando un poco de televisión pero no había nada buen, nada me llamaba la atención. Así que decidí subir a mi habitación, suponía que mi hermano y su amigo ya se encontraban dormidos, pues lo último que escuché es que estaban jugando videojuegos, además de que había venido a dejarle los apuntes de la universidad.

Entré a mi habitación para encaminarme hacia el baño y lavarme los dientes, cuando terminé me acosté en mi cama para cerrar los ojos y tratar de dormir.




Abrí los ojos de golpe cuando sentí como unas manos me tocaban, quedé paralizado cuando el amigo de mi hermano estaba sobre mi, apoyado con sus rodillas a los costados de mis piernas, mirándome tan intensamente. Quise gritar pero él me tapó la boca y tomó mis brazos llevándolos arriba de mi cabeza para inmovilizarme.

—Ni se te ocurra gritar—susurró a mi oído—tu hermano esta tan dormido que ni te escuchara—lamió mi cuello y me sentí tan asqueroso. —Oh Denki, no sabes cuánto deseaba tenerte así—me quitó la mano de la boca y la empezó a deslizar por debajo de mi playera.

Mi respiración empezado a acelerarse, tenía tanto miedo, no sabía que hacer, no me gustaba como sus manos me tocaban, quería que esto fuera una pesadilla.

—Tu hermano no te creerá si le dices—de nuevo me habló al oído—te dirá que te lo buscas por ser un maldito marica.

Su mano cada vez se iba deslizando hacia mi short y el temor crecía cada vez más, ¿por qué me pasaban este tipo de cosas?

—N-no me hagas d-daño—empecé a tartamudear—p-por favor... —sentí como los ojos se me cristalizaban.

—¿Piensas que te haré caso? Pues no, querido—su mano se deslizó por completo debajo de mi short, empezó a tocarme provocando que temblara de temor y el aire cada vez me faltaba.

—N-no.... P-por favor no...

No me hizo caso y me siguió tocando, no lo soportaba más, la cabeza me empezó a dar vueltas y abrí la boca para tratar de respirar por allí ya que por la nariz me era imposible, sentía que no agarraba nada de aire.

Esa necesidad de querer conseguir aire se hizo presente, ya no podía respirar, así que empecé a hiperventilar.

—¿Qué tienes?—dejó de tocarme y me miró—no juegues así niño—habló molesto, pero yo solo quería respirar, mis pulmones necesitaban aire—carajo—se levantó de golpe y se pasó una mano por el cabello—respira carajo—me tomó de los hombros sacudiéndome.

Al ver que seguía igual, mejor salió de mi habitación y me quedé ahí mirando hacia el techo, necesitaba aire, pero no era capaz de regular mi respiración.

Lentamente comencé a cerrar los ojos, ¿acaso sería mi fin? Bueno, al menos así dejaría de sufrir.

El Diario De Un Chico Alegre Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora