Diez

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Me encontraba caminando por las calles, la brisa fresca golpeaba mi rostro y a la vez me arrepentía por entregarle el suéter a Eijiro, pero mi corazón no pudo soportarlo más.

Entré a una tienda para comprar alguna comida instantánea, pero al parecer me equivoqué de pasillo, habían cosas para el cabello y mis ojos se centraron en pinturas; había una rosa justo como el tono de Mina.

Lo tomé y lo observé.

—¿Será correcto?—me dije a mi mismo.

Al carajo. Lo haré, me dirigí a la caja para pagar. Regresé a mi casa y subí hacia mi habitación, me quité el uniforme para colocarme algo más cómodo; bajé a la cocina por un recipiente para preparar la pintura.

De nuevo subí a mi habitación y estaba enfrente de un espejo para pintarme el cabello solo, como era rubio el color lo iba a agarrar más, era la ventaja; lo hice con cuidado aunque me manche la playera que traía, pero lo bueno de que era una que ya no usaba mucho. Cuando terminé, me coloqué aluminio sobre la cabeza y esperé aproximadamente unos 40 minutos.

De nuevo me miraba en el espejo pero ahora ya con el cabello rosa, lo único que no cambio fue el rayo negro. Bajé para ir hacia la cocina, pero en la entrada me encontré a mi hermano mayor; cuando me vió se llevó una mano a su cara para negar ligeramente.

—Con ese color solo recalcas que eres marica—se quitó la mano y me miró—vete a tu cuarto y no salgas.

—¿Con quien hablas?—escuché otra voz, pero no la reconocía. Detrás de mi hermano apareció un chico alto, de cabello negro con mechones morados.

—Con mi hermano—dijo en un tono avergonzado.

Aquel chico me recorrió con su mirada, por alguna razón me hizo sentir incómodo, tal vez porque era la primera vez que lo veía, pero aún así, me comía con la vista.

—Denki, ¿verdad?—habló con su voz algo ronca. Yo solo pude asentir y mejor me di la vuelta para subir de nuevo a mi habitación, ya ni siquiera fui por mi vaso de agua.

En primera, por mi hermano, de seguro sentía tanta vergüenza por mi y en segunda, por la manera en que me miró su amigo, no era normal, así que me evité a toda costa salir.

En la noche me quedé en la habitación de mi mamá ya que estaba muy mal, no me le quise despegar ni un solo segundo. Le preparé algo de cenar y la ayudaba para que comiera, estando con ella podía contarle sobre cómo me sentía al respecto con Eijiro, a pesar de su estado, me comprendía y me daba consejos.

Estuve en vela todo el rato, los rayos del salón se aproximaban por la ventana y los ojos me ardían un poco, miré hacia mi mamá que yacía dormida, tomé su mano y la acaricié.

Ella despertó y me miró con una sonrisa tan cálida. —Buenos días cariño, ¿ya irás a la escuela?

—No iré mamá—respondí al instante. —Me quedaré contigo, estás muy mal.

—Estoy bien, puedes ir... —empezó a toser y tomó el pañuelo que tenía entre su mano disponible para acercárselo a la boca.

—Claro que no mamá, ¿acaso crees que no me doy cuenta? Toses sangre...

—Ve a la escuela hermano—la voz de mi hermana resonó en la habitación, me giré hacia la puerta y la vi parada. —Yo me quedaré para cuidarla.

—No, prefiero faltar yo a que tú lo hagas—me aferré a la mano de mi mamá.

—Tranquilo, hoy no tengo nada importante por hacer—empezó a caminar hacia nosotros y se detuvo al final de la cama.

—¿Estas segura?

—Claro, ve.

—Bien—dirigí la vista hacia mi mamá y le sonreí—al rato regresó—elevé la mano que sostenía para dejar un beso—te quiero mamá.

—Yo también cariño, cuídate—esbozó una sonrisa que hizo que mi corazón se sintiera cálido, pero, algo dentro de mi no quería dejarla.

Sin más que decir, me levanté para abrazarla y darle un beso en la mejilla; posterior a eso, salí de la habitación, sabía que la dejaba en buenas manos.

Me arreglé rápido para irme a la escuela, pero aún así, antes de salir de casa, de nuevo fui hacia su habitación para despedirme.

Ahora me encontraba caminando por la entrada de la escuela, hasta que me topé con Mineta, él me observó con sorpresa, de seguro por el color de mi cabello, ya que todos ni disimulaban al mirarme.

—Te queda genial ese look, ¿a que se debe?—caminamos juntos hacia el salón.

—Por nada en particular, solo quise hacerlo—No le iba a decir que era para que Eijiro me mirara con ojos de amor aunque sea por una vez.

Si, era muy estúpido de mi parte.

Cambié de tema y finalmente llegamos al salón, sentí las miradas de todos, pero la única que me interesaba, era la de Eijiro. Mi grupo de amigos al verme se me acercó, a excepción de Bakugou.

—¿Y ese look?—preguntó Eijiro con una sonrisa.

—Eh... p-pues...—ahora no supe que decir, el tener su mirada sobre mí, me hizo sentir tan nervioso que olvidé como hablar. —Perdí una apuesta con Mineta.

—¿Qué?—me miró sorprendido—¿Cuál apues-... —le pise el pie haciendo que entendiera la referencia—ah si... —dijo algo adolorido—esa apuesta...

—¡No puede ser!—dijo emocionada Mina—¡Ahora somos gemelos!—saltó hacia mí para abrazarme, yo solo correspondí mientras miraba nervioso a Mineta, sabía que le debía una explicación.

Después de eso se fue, como saben, yo era el único que me llevaba con él. Mina sacó su celular y nos tomamos una fotografía, no lo negaba, era un lindo recuerdo aunque en el fondo me sentía mal por intentar ser como ella.

Cuando me quedé solo con Sero, me miró negando ligeramente.

—No existe esa apuesta, ¿verdad?—cruzó los brazos.

—No—suspiré resignado.

—Kaminari, no debes de cambiar para que te haga caso. Es como si yo me pintara el cabello de azul y usara lentes, aún así, Todoroki no me verá de esa manera en la que quisiera.

—Lo sé, lo sé, pero, se que fue una mala idea...

—Ten paciencia Kaminari. Tal vez llegara una persona que vea lo asombroso que eres, no necesitas cambiar nada, porque esa persona te querrá con todo y defectos—me sonrió.

—Gracias Sero—de nuevo suspiré—pero no sabes como quisiera que esa persona fuera Eijiro.

Durante todo el día fue así, Mina no se me despegaba y me tomaba del brazo mientras caminábamos por la escuela, quería que todos notaran que teníamos el mismo color de cabello.

En verdad que ella era un amor de persona, ahora entendía porque le gustaba a Eijiro.

El Diario De Un Chico Alegre Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora