Siete

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La noche anterior no pude dormir debido a la notica de mi madre, se quedó internada para estarla monitoreando, aunque ya no servía nada. Mi hermana fue quien se quedó con ella ya que mi padre en vez de preocuparse, se molesto. Casi entró gritando en la habitación donde se encontraba mi mamá, los enfermeros lo tuvieron que sacar y prohibirle la entrada.

Mi hermano al ir en universidad no podía faltar a sus clases y yo, era el menor, así que ni de chiste me dejarían.

Fui a la escuela sin unas ganas, esta vez llegue tarde por lo cual no me encontré a Eijiro. Caminaba sin ganas hasta que sentí como alguien se posicionaba a lado mío.

—¿Todo bien Kaminari?—era la voz de Mineta.

—Ah, hola—me giré hacia él tratando de sonreír—si, todo bien.

—Por dios, esas ojeras. ¿Te desvelaste jugando?—se acomodó las cintas de las mochila.

—Sí, eso—mentí. No quería contarle a nadie mis problemas, no quería que pensaran que buscaba atención.

—¿Por qué no me invitaste? Yo también quería jugar. Por cierto, ¿estudiaste para el examen de hoy?

—¿Examen? ¿Cual?—sentí que la sangre se me heló. Un problema tras otro, necesitaba puntos extras para pasar las materias, si reprobaba este examen, mi promedio se vería más afectado.

Todavía que tenía que hacer ese examen, llegamos tarde, el profesor me puso de castigo junto a Mineta tener que quedarnos a la salida para hacer el aseo. Y como lo dijo, nos aplicaron el examen, pero no entendía nada, empezaba a frustrarme, mi mente no se podía concentrar.

Llegue a estresarme, me jalé algunos cabellos arrancándolos de mi cuero cabelludo, era la primera vez que me sentía de esta manera. Al final no pude contestar nada, sabía que cuando me dieran el resultado mi padre me regañaría o hasta incluso llegaría a pegarme.

No me sentía de humor. Definitivamente no estaba bien.

Durante todo el día mis amigos estuvieron muy cortantes conmigo y la verdad, no tenía ganas de reclamar nada.

De nuevo me fui hacia la biblioteca para estar en total tranquilidad, sentía unas inmensas ganas de llorar, ese nudo en la garganta persistía en mí. Así que salí de allí porque estando solo, lloraría.

Me encaminé hacia el patio, todos estaban con sus amigos, hablando y riendo. Empecé a ir sin rumbo, ni siquiera sabía en donde estaban los míos. Pero a lo lejos, divise una imagen que me dolió; Mina y Eijiro compartían una bebida, aunque tenían dos popotes, pero su mirada lo decía todo.

Bebe y morirás antes
Fuma y morirías antes
Ama a alguien que no te ama y morirás diariamente.

Definitivamente aquello lo escribiría en mi diario, sin duda, este era el peor día de mi vida. Pero bueno, no fui el único, vi a Sero sentado mirando a la nada, así que me acerqué a él.

—Parece que te comió la lengua el ratón—traté de ser el mismo chico alegre y divertido ante la vista de mis amigos.

—Hoy no Kaminari—suspiró algo triste.

—¿Sucede algo malo?—inquirí. Tal vez sea el payaso y todo, pero siempre estaría para escucharlos.

—Todoroki regresó con Iida—noté el atisbo de tristeza en su voz. Aunque no se lo dijera, lo comprendía perfectamente.

—Uy, lo siento mucho Serobro—miré al cielo—fuiste valiente, al menos lo intentaste.

—¿Sabes? Lo peor es que yo ya sabía cómo iba a terminar esto, pero igual me ilusioné.

—Es normal, creíste que podías enamorarlo. El amor es así, no siempre ganarás. Incluso aunque des lo mejor de ti, esa persona jamás verá cuánto lo amas.

—Somos los únicos rechazados—me miró con una sonrisa cálida—aunque, debe de ser más difícil para ti. El chico que te gusta está en tu mismo grupo de amigos.

—Ya te dije que Eijiro no me gusta. Digo, Kirishima—me corregí a mi mismo, aunque ya no tenia caso seguir negándolo.

—Eres el único que trata de engañarse.

Antes de la salida, el maestro nos entregó los resultados del examen. Pues no se tardo mucho ya que mientras él revisaba, nosotros hacíamos otra actividad.

Y como lo supuse, mi calificación era pésima. Me sentí más frustrado, ya me imaginaba que tipo de insultos usaría mi padre. De pronto miré como Mina saltaba a los brazos de Eijiro para celebrar su calificación, aquello fue la gota que derramó el vaso.

Se que estaba mal, no era correcto sentir estos celos, Mina es una gran amiga y la aprecio, pero no es bonito saber que posiblemente nos guste el mismo. Mi frustración la dejé ver, tenía el ceño fruncido y el Denki alegre que todos conocían no se encontraba en ese instante.

Eijiro salió del salón junto a Sero, así que noté como Mina se acercaba hacia mi, por primera vez en mi vida no quería hablarle.

—¡Kaminari!—la escuché hablar, pero su voz se me hizo tan castrosa. —Estoy contenta, apro-...

—Y a mi que me importa—le respondí de mala gana. —No me interesa, ¿por qué me vienes a presumir? Se que eres mejor que yo... En todos los aspectos, no tienes porque venir a recalcármelo. Eres bonita, es obvio que siempre te ira bien... Eres mucho mejor que yo...

Mina solo me observaba y la sonrisa que llevaba en su rostro poco a poco se fue esfumando; la hoja del examen que llevaba entre sus manos la bajo, miró hacia el piso desviando la mirada.

Me sentí un poco mal por ella, no tenía la culpa de nada, el idiota era yo por dejar que mis emociones me dominaran.

—¿Por que tú y no yo?... —aquello ya era personal. Era muy obvio que estaba confesando mis sentimientos guardados, simplemente había llegado a mi límite.

—Lo siento—un atisbo de tristeza de escuchó en su tono de voz. Se dio la vuelta y ya no me dirigió la palabra.

Cerré los ojos para suspirar, pero realmente necesitaba sacar aquello de mi pecho que empezaba a hacerme daño poco a poco.

El Diario De Un Chico Alegre Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora