Dieciocho

1K 101 17
                                        

Cuando llegamos al salón me encamine en mi lugar, pero me di cuenta de que Shinsou aún no llegaba, no le tomé tanta importancia hasta que las clases iniciaron, pues todavía no aparecía así que lo más seguro es que ese día faltaría.

Los minutos pasaron y no llegó, por lo que todo el día me la pase con Eijiro, bueno, realmente fue él quien se me pegó, hasta ignoraba a Mina o eso creía. En ratos no paraba de mirarla mientras sonreía, quería que él me mirara a mí, así que interfería su paso, pero aún así, no podía parar de mirarla a ella y su estupido cabello. De nada había servido que me lo pintara igual si al final jamás me vería.

En un rato que estuve solo, Mineta se me acercó, se sentó enfrente de mí mientras me observaba. —¿Cómo te has sentido?—me dijo.

—Mejor—trate de sonreír.

—Denki, puede que a los demás los engañes, pero a mí no. Noto en tu mirada la tristeza.

—Bueno, si es un poco complicado seguir adelante sin tu mamá, pero, todos alguna vez en nuestras vidas pasaremos por eso... Nadie es eterno en este mundo.

—Lo sé, por eso quiero que confíes en mi. Si sientes que no tienes a un amigo que te entienda, acuérdate de mí—me tocó el hombro para darme un pequeño apretón. Con sus palabras quise llorar, se que no pasaba mucho tiempo con él por estar con mis demás amigos, pero sentía que Mineta era más real que los otros.

—Te lo agradezco.

Sentí como Eijiro se aproximaba a nosotros, Mineta no se sentía tan cómodo así que se marchó, yo me quedé todo el tiempo con él. Pues ahora era él quien trataba de animarme, me decía cualquier chiste y aunque no diera risa, me reía.

En el recreo igual nos la pasamos solos y los días posteriores también, cuando Shinsou trataba de hablarme, Eijiro siempre estaba ahí, pero aún así no se iba. Cuando estaba con ambos me sentía tan frustrado, por alguna razón sentía el aire más pesado.

Para la salida, Eijiro iba dormido en mi hombro, pues había sido un día pesado, al subirnos al tren nos colocamos los audífonos y empezamos a escuchar de sus canciones, pero en cuestión de segundos cayó rendido.

Admiraba su belleza, pues era lo único que podía hacer, me conformaba con solo ser su amigo. Estaba por bajarme así que me acerqué a su oído a pesar de que no me escuchara le susurré.

—Me gustas mucho, se que no llegaremos a nada, por eso no haré nada más al respecto. Solo quería decirte una vez más que me gustas.

Pero, en ese momento se despertó y me hice el menso. Giró su cabeza para mirarme, tuvimos contacto visual por unos segundos, pero rompí el momento.

—Ya llegue a mi estación. Nos vemos—dije poniéndome de pie para bajar.

Al día siguiente me seguía yendo con Eijiro y retomábamos nuestras tardes juntos, íbamos al centro comercial a jugar. Aunque no quería, siempre me compraba el desayuno y el almuerzo, no me gustaba la idea de que hiciera eso.

En mi casa las cosas empeoraban, desde que le conté a mi padre que sabía su secreto solo se desquitaba conmigo, llegaba a golpearme dejándome moretones en los brazos, lo bueno de usar ropa de invierno es que nadie los notaría.

Solamente Eijiro, ya que a veces me tocaba los brazos y era ahí cuando me quejaba, una vez casi descubría que me corto, pero evité a toda costa tratar el tema. No quería que descubriera que era alguien depresivo que recurría a ese tipo de cosas para salir de la realidad.

Seguía tratando de comunicarme con mi hermana, pero siempre era el mismo resultado. Me enteré que retomo las clases, pero mandaba los trabajos, además de que era su último curso. Técnicamente ya no le afectaba, después de todo ya tenía pasadas las materias.

Tal vez las cosas a mi alrededor poco a poco iban mejorando, pero yo seguía sintiendo ese vacío; cada que me iba hacia mi casa, pasaba a la tumba de mi madre para estar toda la tarde allí. Al llegar a mi casa solo me esperaban regaños de mi padre, como que últimamente tenía problemas con su pareja, pero, ¿qué culpa tenía yo? ¿Por qué se seguía desquitando conmigo?

Empezó a comprar cosas para la casa, ya tenía que comer, pero aún así, no se me apetecía nada. Seguí encerrándome en mi habitación mientras lloraba, era una tristeza que me invadía día con día, nada ni nadie podría recuperar a ese Denki alegre.

Un día mientras caminaba junto a Eijiro, a lo lejos vi al amigo de mi hermano. Me quedé paralizado y el temor me invadía, mis piernas no me respondieron, cosa que Eijiro notó.

—¿Estas bien?—me miró preocupado—Parece que viste un fantasma.

—V-vámonos—no quería seguir viendo al tipo que me tocó sin mi consentimiento, de tan solo recordar ese día me volví a sentir sucio.

Cuando llegué a mi casa, me bañé y me tallé hasta que mi cuerpo me ardiera, no podía sacar las imágenes de ese tipo encima mío. Era una experiencia horrible que quería sacar de mi mente. Aún tenía esa sensación de sus manos acariciando mi cuerpo.

Me daba asco.

Así que vomité, aprovechando que me encontraba en el baño. Al terminar me acosté en mi cama para tratar de tranquilizarme, así que cuando estuve más calmado, me reincorporé para sentarme y poder anotar en mi diario.

Pues esa libreta de pasta amarilla era mi confidente, todo lo que no era capaz de decirle a alguien, ese objeto lo sabía todo.

El Diario De Un Chico Alegre Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora