En el pasado...
Las semanas pasaban y Maite había decidido no llamar a Richard para no desconcentrarlo, pero aun asi lo extrañaba demasiado, no solo por el hecho de que ya eran novios y todo lo que contraia ese compromiso sino que en serio quería saber que tal estaba todo y si podía ayudarle. Noches de puro sobrepensamiento por parte de la chica en donde la mayoría de ideas eran "¿Será que me extraña?", "¿Qué tal que haya conocido a una chica de Bahía?", ¿No soy reemplazable o si?" Y demás pensamientos que tenia mientras veía el ventilador dar vueltas y vueltas para refrescar la habitación.
Mientras tanto en Brasil...
La situación tampoco era diferente, Richard había estado la mayoría de entrenamientos desconcentrado pensando en la razón por la cual la chica no lo llamaba, el tampoco quería llamar, creía que era intenso el hecho de que apenas hayan pasado unos días y el insistiendo para verla. Habían momentos en los que solo podía verla por fotos o la profile pic que tenia en su chat privado con ella pero cuando le decian sus compañeros que una chica era linda siempre buscaba una forma para compararla con Maite diciendo "Ella no es la alta como Mai", "A si, los ojos de Mai son más brillantes." o cambiaba la conversación para no pensar en ella pero era inevitable.
Hasta que por fin cedió y decidió llamarla, aquel sonido de la línea esperando a ser conectada le parecía eterno hasta que por fin ella contestó... más o menos.
—¡Aló! —la voz grave y pausada que respondió la llamada tomó a Richard completamente por sorpresa.
—Eh… ¿Maite? —preguntó, confundido.
—¡No, papá! —dijo el hombre al otro lado con tono serio pero relajado—. ¿Con quién hablo?
Richard se quedó en blanco por unos segundos. ¿Papá?… y no cualquier papá. Ese acento costeño y ese tono despreocupado eran inconfundibles.
—Ehh… con… Richard, señor… Richard Ríos —contestó al fin, nervioso. Sentía que hasta el balón que siempre controlaba con precisión le temblaría en los pies si lo tuviera en ese momento.
—Ahhh, Ríos, el peladito que juega futsal, ¿no? —dijo la voz con un tono curioso que pronto cambió a algo más animado—. Bueno, ¿y qué quieres con mi hija? ¿Llamándola a estas horas?
—No… no es tan tarde en Brasil, señor Valderrama —intentó explicarse Richard, sudando como si estuviera en un partido contra Argentina en tiempo extra—. Solo quería… saludarla.
Un silencio largo siguió a su respuesta, tanto que Richard miró la pantalla del celular para asegurarse de que la llamada seguía activa.
—Mira, peladito, yo te voy a decir algo… Mai no está ahora, pero te voy a dar un consejo de hombre a hombre —dijo el Pibe, con esa cadencia característica que hacía que cada palabra pesara más.
—Claro, señor, lo escucho —respondió Richard, enderezándose como si estuviera frente al entrenador.
—Si quieres enamorar a una costeña, no puedes estar llamando solo “para saludar”. Tienes que venir con algo bueno, ¿me entiendes? Un detallito, un mensajito romántico… hasta un vallenato le puedes dedicar si tienes el valor. Si no, te va a cambiar por uno que sí se esfuerce.
Richard tragó saliva. ¿Un poema? ¿Yo? Pensó en lo mal que se le daba eso en el colegio, pero antes de que pudiera responder, el Pibe continuó:
—Y otra cosa: no me hagas perder tiempo, ¿sí? Porque si Maite te quiere, yo no me voy a meter… pero si la haces llorar, ahí sí vamos a hablar. ¿Quedó claro, peladito?
—Clarísimo, señor Valderrama. Gracias por el consejo —dijo Richard, con el tono de alguien que acaba de salir de una charla motivacional y un regaño al mismo tiempo.
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𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜
RomanceUna historia en donde la pasión, el amor y las ganas de salir adelante son las primordiales para esta pareja que quiere dejar atrás su pasado.
