《20》

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De la emoción, la joven se quitó los audífonos antes de que la producción terminara de hablarle y simbolizando el cansancio emocional que vivió en esos 90 minutos.

—¿Maite? Zona mixta en cinco— exclamó uno de sus compañeros que se encargaba de la logística dentro del partido.

El pitazo final todavía vibra en el pecho de Maite cuando atraviesa el túnel. El Metropolitano ruge detrás de ella, pero aquí abajo el sonido es más denso, más íntimo. Huele a césped húmedo, a sudor, a victoria.

Colombia 2 — Brasil 1. HISTÓRICO

Y en medio de todo eso, ella solo piensa en una cosa: él.

Da un paso más rápido. No corre. No puede. Es profesional. Pero el corazón sí corre.

Entonces—

—¡MAI!

Luis Díaz aparece de frente, sudado, con el uniforme todavía pegado al cuerpo y los ojos brillando de algo que no es solo felicidad deportiva. Es un alivio al corazón.Es orgullo nacional y el renacer de una familia. Siempre se habían llevado bien, desde que Lucho inició su carrera gracias al papá de Maite. La abraza con fuerza, sin pedir permiso. Maite casi pierde el equilibrio.

—¿Viste eso? ¡Dos! ¡DOS!

Ella ríe, aunque la garganta la tiene cerrada.

—Eres increíble, Lucho... —le acomoda el micrófono casi por instinto profesional.

Pero cuando lo mira a los ojos entiende que esos goles no eran solo goles.

—Era por él —murmura Lucho, y no necesita decir más.

Ella traga saliva, las últimas dos semanas habían sido un calvario constante para su amigo sin saber en realidad qué era lo que pasaba con su papá. Hace apenas unos días el país entero contuvo la respiración por el secuestro de su papá. Y hoy, esos dos goles tenían nombre y apellido.

—Lo sé —susurra ella—. Y estoy segura que los vio, Don Mane estaba feliz en las gradas.

Lucho asiente. Se le humedecen los ojos, pero sonríe igual.

—Después celebramos, ¿sí?

—Siempre.

Él se va entre abrazos y cámaras, sus compañeros estaban igual de emocionados, son la primera selección colombiana en ganarle a Brasil jugando en el metropolitano. Nunca será olvidado ese dia ya que se demostró que Colombia estaba preparado para mucho más que el "Gracias Guerreros"

Y entonces—

Maite levanta la mirada instintivamente.

A unos metros, quieto, está Richard.

No sonríe.No aplaude. No interrumpe. Solo la mira como si el ruido no existiera.Como si ella fuera el único punto fijo en ese caos. Su lugar seguro para ser sinceros.

Ella siente el golpe en el pecho porque en esa mirada no hay celos por Lucho. Nunca los hubo en realidad, existía algo más profundo.

Reconocimiento, una Memoria. Una conversación inconclusa.

Un "qué hubiera pasado si..."

Un aniversario que ninguno de los dos ha mencionado en voz alta.

Da un paso hacia él. El tiempo se detiene completamente...

Y justo cuando está por hablar—

—¡Ríos! ¡Vestuario, ya!

Lo llaman desde atrás, en ese momento se rompe completamente la magia de aquel hechizo hipnótico en el que estaban sumergidos ambos. Richard Ríos no aparta la mirada de ella mientras camina hacia atrás, es apenas un segundo más largo de lo normal. Debía seguir las indicaciones o le tocaría pagar una multa con todo el equipo, deben ir a cambiarse antes de la zona mixta.

𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora