Me paré frente a la puerta de su casa, respirando hondo antes de atreverme a pulsar el timbre. Pasé una de mis manos sobre mi cabello, peinándome después de tocar el timbre. Carraspeé observando la botella de vino que había comprado. No me gustaba llegar con las manos vacías. Centré toda mi atención sobre aquella puerta al escuchar su voz avisándome. Sonreí, mojando mis labios. Escondí la mano que sujetaba la botella tras mi espalda para que no la viera al abrir. En cuanto aquella puerta se abrió, apareciendo ella detrás, tuve que tragar saliva para calmar mis pulsaciones. Cada día estaba más hermosa. Me dedicó una amplia sonrisa, acercándose a mi para saludarme.
- Hola -Saludó mirándome con una tímida sonrisa-
- Hola bigotitos -Incliné la cabeza para besar su mejilla. Sonreí separándome de su piel al sentir cómo sus labios también besaban mi mejilla. Al separarnos, Dul desvió la mirada, soltando un breve carraspeo dejando de nuevo distancia entre los dos-
- Pasa, por favor
- Detrás de ti -Respondí estirando la mano para que pasara delante-
Se giró sonriente pasando dentro. La seguí cerrando la puerta al entrar. Al entrar me di cuenta que aún tenía la botella escondida tras mi espalda. Observé cómo me miraba divertida, alzando las cejas. Saqué la botella ofreciéndosela sin apartar los ojos de ella.
- ¿Vino? -Dije pasándole la botella-
- Gracias, pero no debiste haberte molestado
- No me gusta venir con las manos vacías
- Ok -Dijo agarrando la botella entre sus manos- Pasa, ponte cómodo mientras guardo la botella
- ¿A la sala? -Señalé la habitación dando varios pasos hacia allí-
- Eh, sí. Así podemos platicar agusto. ¿Quieres algo de tomar?
- No, gracias -Respondí dedicándole una leve sonrisa antes de ver cómo me daba la espalda para dirigirse a la cocina-
Pasé a la sala, observando que había dejado sobre el sofá una sudadera negra con rayas verdes. Sonreí al recordar aquella sudadera, mientras pasaba mis dedos sobre ella. Giré la cabeza para comprobar que ella seguía en la cocina. Me senté en aquel sofá, dejando mi celular encima de la mesa para no clavármelo al sentarme. Me acomodé sobre él, mirando a aquella habitación. Cada rincón tenía algo de ella. Ya no sólo su aroma, si no fotos de ella con sus papás o con sus hermanas. Me incliné hacia adelante, dejando los brazos sobre mis rodillas, extrañado de no haber escuchado a sus perras ladrar.
- ¿Dónde dejaste a las perritas? -Pregunté en voz alta para que pudiera escucharme-
- ¡Mi mamá se las llevó! -Exclamó desde la cocina- ¡Se fueron a la casa que tiene mi hermana Claudia en el campo! -Sentí sus pasos tras de mí, apareciendo en la sala- Lo que pasa que no tenía ganas de viajar hasta allí...
- ¿Tan lejos queda la casa de Claudia? -Negó suavemente con la cabeza, sentándose junto a mí en el sofá-
- No mucho. Cómo a 45 minutos. Pero estos días no he parado de viajar, por eso prefería quedarme. No tenía ganas de volver a meterme en carretera otra vez
- ¿Y cómo se te ha ocurrido invitarme en tu primer día libre?
- No lo sé... Creo que fue la costumbre más bien
- Entiendo -Me quedé en silencio observándola, dedicándole una leve sonrisa. Desvié la mirada hacia el suelo pensando en lo que había dicho-
- ¿Dije algo malo? -Pude ver de reojo cómo inclinaba la cabeza, preocupada por mi repentino silencio. Giré la cabeza, negando levemente-
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Y En El Medio Tu (Vondy)
Teen Fiction¿Y si...? La pregunta del millón. Quizás por cobardes o por miedo a los desconocido. Miedo de perder la relación que ya existía. Miedo a perder a una persona que aun te parece mentira de la forma en la que entró en tu vida. Que se debe hacer cuando...
