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Jimin estaba sentado en un sillón frente a la cama donde descansaba Jungkook. Su mirada no se apartaba del cuerpo inmóvil de su alfa, rodeado de máquinas y cables que se encargaban de mantenerlo con vida. La habitación estaba sumida en un silencio roto únicamente por el constante pitido del monitor cardíaco, un sonido que, aunque reconfortante, también le recordaba lo frágil que era la situación.

Habían pasado tres días desde el accidente. Tres días que para Jimin se sentían como una eternidad. Las palabras del médico seguían resonando en su mente, como un eco cruel: "Lo más probable es que no despierte." Pero Jimin se negaba a aceptarlo. Su alfa era fuerte, demasiado fuerte. Siempre lo había sido, y él confiaba con todo su corazón en que Jungkook lograría abrir los ojos.

Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla, seguida de otra, hasta que sus sollozos llenaron el aire.

—Jungkook… por favor, despierta— susurró, su voz apenas un murmullo mientras se aferraba al borde del sillón con las manos temblorosas.

No podía dejar de pensar en todo lo que aún les quedaba por vivir juntos. Había tantas cosas que querían hacer, tantos momentos que aún no habían compartido. Jungkook no podía dejarlo, no así. No ahora.

—No puedes… no puedes dejarme solo… — murmuró, su voz quebrándose mientras sus lágrimas continuaban cayendo sin control—. Si tú te vas, yo… yo tampoco quiero seguir con mi vida—

El pensamiento era aterrador, pero también inevitable. Jungkook era su todo, su razón de ser. Vivir sin él no era una opción. Mientras lo observaba, con el pecho apretado por la angustia, Jimin volvió a tomar la mano de su alfa entre las suyas, deseando desesperadamente sentir algún indicio, algún movimiento, algo que le dijera que seguía luchando.

—Por favor… lucha, Jungkook. No me dejes—

Las palabras salieron como una súplica al vacío, mientras Jimin se hundía más en la impotencia. Pero, en el fondo de su corazón, se negaba a rendirse. Porque si había alguien que podía desafiar incluso a la muerte, ese era su Jungkookie.

Jimin permaneció junto a Jungkook, dejando que las lágrimas fluyeran sin contención. Su dolor era tan intenso que apenas sentía el paso del tiempo. Después de varios minutos, un sonido interrumpió el silencio de la habitación: su teléfono vibraba con una llamada entrante. Era su padre.

El omega se limpió las lágrimas rápidamente con el dorso de la mano y se inclinó sobre Jungkook, dejando un suave beso en su frente.

—. Regresaré en unos momentos, Alfa— murmuró con voz temblorosa, acariciando brevemente la mano inmóvil de Jungkook antes de salir de la habitación para contestar la llamada.

—. ¿Sí, padre? — preguntó al descolgar.

La voz de Hee-Sung llegó al otro lado de la línea, grave pero cargada de determinación.

—. Hijo, encontramos al maldito de Jeon Seong-Hwa. Está bajo nuestra vigilancia. ¿Quieres venir?—

Jimin sintió cómo su cuerpo se tensaba al escuchar esas palabras. Apretó los puños con fuerza, el recuerdo del accidente y de su Alfa luchando por su vida avivando un fuego furioso dentro de él. Un gruñido bajo escapó de su garganta mientras cerraba los ojos con fuerza. Por fin, el responsable estaba al alcance.

—.Por supuesto que sí—respondió, su voz llena de rabia contenida—. Nunca desperdiciaría la oportunidad de vengarme de ese maldito bastardo—

Sin esperar más, colgó la llamada. Su respiración era pesada, y aunque sabía que alejarse de Jungkook por un momento le resultaría difícil, también sabía que no podía dejar pasar esta oportunidad. Si alguien tenía que hacer que Jeon Seong-Hwa pagara por lo que hizo, sería él. Nadie lastima a su alfa y sale impune. Nadie.

𝓑𝔂 𝔂𝓸𝓾𝓻 𝓼𝓲𝓭𝓮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora