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Después de varios días de recuperación en el hospital, finalmente le dieron el alta a Jungkook. El Alfa sintió un alivio indescriptible al salir de ese lugar. Odiaba estar encerrado entre esas paredes blancas, atado a una cama y rodeado de máquinas. Haber pasado dos meses en coma y otros días más recuperándose ya era suficiente; ahora solo quería volver a la normalidad.

Chan-Yeol fue quien llegó a recogerlo, ya que Jimin tenía un examen importante en la universidad y no pudo estar allí. Aunque el omega había hecho berrinches, suplicado y hasta intentado cancelar su examen para acompañarlo, Jungkook se mantuvo firme. Había insistido en que Jimin debía priorizar sus estudios, ya había perdido demasiado tiempo por su culpa y no quería ser la razón de más atrasos.

Mientras caminaba hacia el auto con Chan-Yeol, el Alfa no pudo evitar sonreír levemente. Estar fuera del hospital se sentía como recuperar su libertad. Aunque su cuerpo aún estaba débil, su determinación para volver a su vida con Jimin era más fuerte que nunca. Todo lo que quería ahora era llegar a casa, descansar y abrazar a su omega, pero primero que todo quería hacerle un regalo a su amado Jimin.

—. Yeol, pasemos por una floristería antes de ir a casa— pidió Jungkook mientras se acomodaba en el asiento del auto, cerrando la puerta con cuidado.

El Alfa pelicastaño sonrió levemente y asintió, encendiendo el motor. —. No necesito preguntar para quién son, porque ya lo sé. Pero dime algo, ¿Estás seguro de que sabes cuáles son las flores favoritas de Jimin?— cuestionó con un tono juguetón, echándole una mirada rápida.

Jungkook arqueó una ceja y dejó escapar una sonrisa de suficiencia. —. ¿Estás subestimándome, Yeol? Por supuesto que lo sé. Yo sé todo sobre mi omega. Sus flores favoritas son las peonías— afirmó con orgullo, dejando que su tono seguro dejara claro cuánto conocía a Jimin.

Chan-Yeol soltó una ligera risa mientras ajustaba el volante. —. Bien jugado. Tienes razón, son las peonías. Aunque no esperaba menos de ti— admitió antes de hacer una breve pausa. Su expresión se suavizó, volviéndose más seria. —. ¿Sabes algo, Jungkook? Me alegro de que estés aquí, despierto y hablando conmigo. Me preocupé mucho por ti, más de lo que puedes imaginar. Te aprecio como a un hermano, y verte inmóvil en esa cama fue... devastador. Pero más que eso, me dolió ver a Jimin roto, desesperado, consumido por la preocupación y el dolor. Él te ama tanto...— Chan-Yeol tragó grueso, sus manos apretando ligeramente el volante antes de continuar. —. Nunca te lo dije antes, pero gracias, Jungkook. Gracias por protegerlo, por poner su vida antes que la tuya. No todos harían algo así. Lo que hiciste significa el mundo para mí, y sé que también para él— dijo con sinceridad, su voz cargada de gratitud.

Jungkook lo observó de reojo, con una leve sonrisa en los labios. —. No tienes que agradecerme, Yeol. Jimin es mi todo. Siempre lo protegeré, sin importar lo que tenga que sacrificar—

La conversación quedó suspendida por un instante, llenando el ambiente con una sensación de entendimiento mutuo mientras el auto seguía su camino hacia la floristería. Jungkook miraba por la ventanilla hasta que vio un camión, los recuerdos de ese día volvieron a su mente como un torbellino. Debía de averiguar quien era el que manejaba el camión, debía de hacerlo, tal vez Chan-Yeol lo sabía

—. Yeol, tú tal vez sepas quién fue él culpable del accidente que yo y Jimin tuvimos ¿Lo sabes?— preguntó fijando su mirada en él

Chan-Yeol apretó el volante y miró de reojo a Jungkook mientras asentía—. Mi padre fue él que se encargo de ese bastardo por pedido de Jimin. Era el maldito de Jeon Seong-Hwa— confesó

Jungkook soltó un gruñido bajo, su mandíbula tensa y sus manos apretadas en puños sobre sus piernas. —. ¿Qué hicieron con él?— preguntó, su voz impregnada de un tono oscuro y contenido, aunque el brillo en sus ojos delataba el odio residual que aún sentía por Seong-Hwa.

𝓑𝔂 𝔂𝓸𝓾𝓻 𝓼𝓲𝓭𝓮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora