Capítulo 21
No lo entenderías
- Hasta pareces rara. Expresó Enojado también Leopoldo.
- Ya basta Leopoldo, te prohíbo que insultes a mi hija. Mi hija tendrá su marido cuando ella quiera. Valentina sintió un choque emocional. Se quedó callada. Se levantó y se fue de la sala.
- No entiendo cómo tenemos una hija tan hermosa y soltera. A su edad ya muchas tienen hijos. ¿Qué hay de malo en lo que le digo? Miraba Juliana al par de rubios frente a ella. Mordía su labio interno.
- Valentina es una mujer trabajadora, ejemplo en todo lo que hace y no entiendo porque tienes que expresarte así de ella. Me da igual si me da nietos ahora o después. Lo único que quiero es que sea feliz. Hicieron silencio por un momento.
- ¿Tú eres casada? ¿Tampoco tienes hijos? Pregunto Leopoldo.
- No. No y pues la verdad es que no veo cuál es el apuro de las personas por querer que estemos casadas. La sociedad ha cambiado.
- Porque la vida es nacer, crecer y reproducirse, tenemos una edad para eso. Si no tienen hombre, pues no tendrán oportunidad de tener hijos. Contrarrestó Leopoldo.
- No hay necesidad de un novio, ni de estar casada, hoy en día los hombres dejan su esperma en un banco y fácilmente una mujer puede ser madre; al fin y al cabo que muchos padres no están presentes en la vida de sus hijos. Así que da lo mismo estar casadas o solteras. Hoy en día debemos tener más conciencia antes de casarnos y de tener hijos; así evitamos ser infelices en matrimonios o dejar hijos en abandono.
- Yo no estoy de acuerdo en nada de lo que dices. Continuó Leopoldo.
- Me da igual que usted no esté de acuerdo con lo que pienso yo, cada quien debe respetar el pensamiento de los demás y las decisiones de los demás y en caso que sí su hija sea rara como usted dice, su deber es amarla y apoyarla. Juliana se levantó del sofá. - Para eso es que se es padre; para apoyar, cuidar, amar incondicionalmente y no para juzgar o creer que les pertenecen. Miró Juliana a Soledad. - Disculpe me retiro. Soledad asintió. Leopoldo intentó decir algo más, pero Soledad se lo impidió. Juliana fue con su novia, ingresó a la habitación y esta estaba parada con sus manos detrás de la cintura, aún molesta.
Se acercó la castaña y tomó uno de sus brazos y la atrajo a ella y le sonrió. La miró a los ojos. La rubia no se resistió y se desvaneció en los brazos de la castaña. Se fundieron en un abrazo y la castaña la apretaba más a su cuerpo.
- Se siente tan horrible. Entre lágrimas decía Valentina. - Quisiera desaparecer. Soy una mujer adulta y aun así no puedo sentirme libre. Juliana la sacó de su cuello y pegando sus frentes le susurró.
- Lo sé morrita. Aquí estoy para ti, mi princesa. Si vamos a huir tendrá que ser juntas. ¿Ok? Valentina asintió. - Tú padre no puede cambiar tú esencia. Eres única y mágica. Eres hermosa y libre de decidir lo que quieres hacer con tu vida. Ahora solo vamos a dormir y mañana será otro día. En dos días más y nos vamos. Valentina sonrió y besó los labios de Juliana.
Aún abrazadas la manilla de la puerta de la habitación se movió y ambas se separaron. No lo suficiente como para que Soledad se diera cuenta que estaban abrazadas. Miró a las chicas y le hablo a Valentina.
- Solo quería saber si estabas bien. Valentina solo se limpiaba sus lágrimas.
- Sí mamá. Estaré mejor. Soledad miró a su hija y miró a la castaña.
- Bueno descansen y Juliana disculpa a Leopoldo, no está en sus cabales. Valentina miró a Juliana y luego a su mamá.
- ¿Qué pasó? ¿Qué le hizo? Miró de nuevo a Juliana. - ¿Te hizo algo amor? Juliana miró a Soledad y a Valentina.
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Hazme el amor
Fan-Fiction¿El amor lo perdonaría todo? Este sería el caso de Valentina Carvajal, quien se enamora de Juliana Valdez y haría todo por conquistarla, lo que hará llevarse la peor decepción de su vida. Después de reencontrarse ¿Valentina será capaz de perdonarle...
