| Adara |
Y luego de esas palabras es cuando me di cuenta que las circunstancias han dado un giro, y nada será como antes.
Eso pensaba antes de que Oliver se avalance sobre mí, en un intento de besarme, porque por más que quiera lo que salió de mi boca es...
—Te equivocas. —Trago en seco.
Arquea una ceja.
—¿Qué?
—Que te equivocas. Soy la melodía, no una nota en la partitura. ¿Lo entiendes? —repito con humor.
Ríe, mordiéndose el labio —. Claro que lo eres, Adara. Siempre lo fuiste. No me estoy equivocando en desear besarte, tengo muy claro lo que quiero y ese es uno de ellos.
Y otra vez, Oliver Boswell, robándome las palabras, sin saber que responderle porque me las ha quitado.
Estoy nerviosa, me sudan las manos, siento que esto es irreal y los mareos aparecen.
—¿De verdad crees que me entregaré tan fácil?
Arruga las cejas —. No...pero...
Río —. Si que quiero besarte, lo anhelo desde hace tiempo. ¿Pero qué se supone que debamos hacer luego de esto?
—Tranquilizarnos, Adara, o mejor tú. Solo debes querer. Quiero conocerte, pasar tiempo contigo, reírme a tu lado. Pero debes permitirme entrar a tu vida si eso es lo que tú también quieres, no puedo hacerlo si no me das tu confianza. No pienso hacer nada hasta que la desconfianza desaparezca de tu mirada.
¿Como le digo al chico que me gusta desde que soy pequeña que si quiero, que quiero hacerlo todo junto a él, pero que tengo miedo de que me haga daño? Como alguna de estas veces lo hizo.
—A la primera que te equivoques, estás fuera, Oliver.
—Estaré más adentro que nunca —dice para luego guiñarme el ojo.
Eso definitivamente lo dijo con otra intención.
Luego de esa charla, estamos en su cocina. Riéndonos de estupideces.
Su mesada hace que mi culo esté helado, por más que tenga la fina tela del vestido, mi trasero está congelado.
Y yo, obviamente, fingiendo que no me pone los pelos de punta que esté apoyado en mis muslos, sin dejar de mirarme.
—Ni siquiera he podido terminar de comer los platos de la cena, me muero de la vergüenza —digo tapándome la cara con mis manos.
—Está bien —corresponde, riendo—. ¿Acaso no te gustó la comida?
Le pego un pequeño empujón—. Eres un imbécil.
—Me lo dices seguido, y me encanta.
Pongo los ojos en blanco.
—El sábado es el cumpleaños de Finn, vendrá a casa, y estoy pensando en hacerle una fiesta sorpresa. ¿Me quieres ayudar? Nada mejor que su mejor amigo y su hermana lo hagan juntos.
Solo tengo una semana para preparar todo.
—La verdad que no.
Le sonrío falsamente.
—Claro que quiero ayudarte, no sé cómo preguntas idioteces.
—Cumple 22. Seguro crees que es un cumpleaños cualquiera, pero para mí no lo es.
—¿Porque dices cosas que no pienso? Jamás se me cruzó eso por la cabeza.
—Suponía. —Me encojo de hombros.
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Amor Entre Mentiras
Lãng mạnAdara Dickson; es una simple chica de diecisiete años, vive con su hermano, Finn Dickson, y su madre, Samantha Dickson en San Diego, California. El padre de los adolescentes los había abandonado a muy temprana edad. Tiene demasiada confianza con su...
