| Adara |
Estuve toda la tarde con Evander, y no voy a negar que reí a todo momento, excepto cuando apareció Oliver; su arrogancia se puede oler desde cualquier lugar.
No entiendo por qué se comporta así, Bella está siempre con él. Oliver quería eso, no entiendo para que me sigue necesitando.
Pero como no es momento de pensar en eso, dejo de hacerlo.
Evander y yo nos encontramos sentados en la arena, mirando al mar.
Podría decir que en este día percibí mucho más a Evander, y el también entiende más de mí. Sé lo que le gusta, lo que no, su familia, sus sueños. En conclusión, conozco más de lo que habría querido saber en su momento.
—¿De dónde lo conoces a Oliver? —pregunta, sacudiendo la arena que invade su pantalón.
Suspiro lento, cruzándome de piernas, mirando al frente —. Es el mejor amigo de mi hermano, lo conozco prácticamente desde que nací.
—¿Y tienen una relación sana? Ya sabes, como novios.
Trago en seco —. No lo sé. Es-complicado.
Realmente no lo sabía, porque como nada es real, ya ni se que puedo sentir.
—¿Y la pelirroja que estaba con él? ¿Quién es? —Me mira pero yo no lo hago.
—Su ex novia. —Frunzo el ceño.
Evander queda asombrado. No lo veo, pero puedo sentirlo.
—Lamento si hago muchas preguntas, solo que no te veo tan bien desde que lo vimos.
—No—alarmo rápidamente y esta vez si lo miro—. Está bien, no tienes por qué disculparte. Lo entiendo.
Me sonríe y yo hago lo mismo.
—Sabes Adara, me gusta pasar tiempo contigo. Porque, mierda, no eres como las demás. Te haces valer. Es difícil ganarte y eso lo hace absolutamente mejor. Si Oliver no puede lidiar con eso, no eres una chica para él.
Lo escucho con toda mi admiración, prestando atención a cada palabra y sonrío al recordar que antes no tuvimos la mejor impresión uno con el otro. O más bien yo.
—Gracias, Evander.
—Igual imagino que ya lo sabías, solo que no te lo han dicho.
Río —. Por favor, debes callarte a veces.
El ríe entre dientes y ahora los dos nos encontramos pasando un buen momento en la playa de San Diego.
—Debo ir a mi casa. Es tarde—vuelvo a hablar—, ¿quieres...?
—Te acompaño —afirma.
Evander se levanta de la arena y me tiende la mano para que haga lo mismo, y sin vueltas, tomo su mano.
Carraspeo mi garganta —. Antes de que vayamos, te voy a abrazar —aclaro.
Lo abrazo y un ambiente cálido me da la bienvenida, cubro su torso con mis brazos y el hace lo mismo en mi cabeza, apoyando la suya en ella.
El abrazo es suave pero firme. Hay risas y murmullos de felicidad de la gente que se encuentra. En este momento, el mundo se apaga, y solo estamos nosotros, pero Oliver está en mi mente y una siento ganas de llorar.
¿Pero por qué? Yo acepté esto. Pensé que sería divertido ser la novia falsa, pero cada vez que sonríe o me mira hace que mi corazón se me acelere.
Me siento atrapada entre la ilusión de lo que podría ser y la realidad de lo que realmente somos. Debería ser capaz de dejarlo ir, pero no puedo evitarlo.
Al sentir como los labios de Evander se posan en mi cabeza para dejar un tierno y pequeño beso, sin darme cuenta, lo abrazo aún más fuerte.
—Evander —suelto.
—Mmh.
—No quiero dejar de abrazarte.
—No lo hagas.
Luego de unos minutos, estamos por llegar a mi casa, y ya una vez en la puerta una limusina de lujo toca bocina y me veo obligada a cerrar los ojos por la fuerte luz.
—Evander, es hora de irnos. —El que se encuentra dentro baja la ventana.
—Ahora...
—Ahora, Evander —ordena.
Él camina hacia la limusina y yo me quedo de brazos cruzados, pero se detiene en seco y se da la media vuelta para caminar hacia mi dirección y darme un cálido abrazo.
—Gracias por esta tarde. Ve, no quiero que estés en problemas. —Lo suelto.
La bocina suena nuevamente.
—Gracias a ti por aceptar —dice para ir rápidamente al vehículo.
Mi celular vibra y veo que es mi mamá, diciéndome que se quedará hasta tarde trabajando.
Trago en seco y me abrazo a mi misma por el fresco viento.
Mi mirada va hacia la ventana de la habitación de Oliver, observando que la luz está encendida y el está allí con el teléfono.
Me extraño cuando se asoma por la ventana pero me confundo más en el momento que mi celular vibra nuevamente.
Frunzo el ceño otra vez y veo que es un mensaje de él que no pienso abrir.
Me enojo más al notar que mi teléfono hace ruido otra vez:
Adara, tenemos que hablar.
Joder, sé que estás ahí. No me hagas ir a buscarte.
Apago mi teléfono para poder entrar a mi casa en paz, o buscando la paz que no tengo.
———
Capítulo corto, si si, lo sé, no me maten. Pero a partir de esto, las cosas cambiarán un poco...
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Amor Entre Mentiras
RomanceAdara Dickson; es una simple chica de diecisiete años, vive con su hermano, Finn Dickson, y su madre, Samantha Dickson en San Diego, California. El padre de los adolescentes los había abandonado a muy temprana edad. Tiene demasiada confianza con su...
