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Sus pasos resonaban por todo el pasillo, cada uno cargado de prisa y pesadez, disminuyendo poco a poco hasta llegar a la puerta de su oficina

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Sus pasos resonaban por todo el pasillo, cada uno cargado de prisa y pesadez, disminuyendo poco a poco hasta llegar a la puerta de su oficina. Abrió la puerta, encontrándose a su madre, recostada en el escritorio, observando la vista que el ventanal de la habitación ofrecía. Apenas entró a la habitación, saludó a la mujer. Sin embargo, no pudo terminarlo correctamente debido al sonido de un golpe seco que resonó por el lugar. Llevó una de sus manos a su mejilla, acariciando lentamente la zona rojiza que la contraria le hizo.

La expresión de la mujer era de todo menos amigable. Volvió al escritorio, tomó una carpeta y se la entregó a su hijo. Este, extrañado, abre el objeto, cambiando su expresión facial de la confusión a la sorpresa. La carpeta contenía una cantidad significativa de fotos, siendo los protagonistas él y su pareja. Cada una los mostraban en diferentes lugares, pero todas tenían algo en común: estaban muy juntos. La que más resaltaba tenía de fondo el parque en donde él frecuentaba con su novio, ambos sentados en un banco, dándose un pequeño beso.

—Obanai, ¿Qué significa eso? —habló, haciendo que su hijo volteara a verla.

—Yo... —su cuerpo experimentaba una mezcla de emociones, reflejándolo en su voz, en donde resaltaban los nervios.

—¡Explícame esto ahora mismo! —exigió, impaciente.

La mente del menor seguía procesando lo que estaba sucediendo. Primero pasaba uno de los mejores días con el amor de su vida y su perdición, y ahora se encontraba enfrente de su progenitora, discutiendo por el mismo. Sabía que su madre podría reaccionar de la misma manera de la que está actuando en ese preciso momento. Intentó ocultar lo más posible la existencia de Muichiro de ella para que no se sintiera mal al ser rechazado. No se le pasó por la cabeza que su madre está medio loca y tiene contactos con personas que solo se dedican a perseguir a famosos y causar escándalos de los mismos.

Como dicen, el amor hace que la persona actúe fuera de sí.

O, en palabras de Daniela, el amor apendeja hasta al más cuerdo.

Sin embargo... ya era tarde.

Su madre estaba frente de él, esperando una respuesta. Ya no había marcha atrás. Si tanto quiere saber, le dará el gusto. Con una expresión seria y con todo el orgullo que su voz podía transmitir, respondió.

—Es mi novio.

—¿Tú qué?

—Lo que escuchaste, es mi novio.

La fémina no respondió, su rostro no mostraba ninguna emoción, pero sus ojos la delataban, cosa que su hijo sabía el significado: sentía asco.

—Obanai, dime que me pegue la cabeza y estoy internada en el hospital teniendo delirios —rogó, desesperada.

<<Ojalá>>

—No madre, te estoy diciendo la verdad.

—¡¿Qué carajos!? —gritó, histérica. Tomó los hombros del contrario, sacudiéndolo—. Obanai, ¿tienes idea de la maldita estupidez que estás haciendo?

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⏰ Última actualización: Dec 27, 2024 ⏰

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