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capitulo 11

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La detonación del arma de fuego.

Y el primer cuerpo calló inerte al suelo.

Y es que la pelinegra llevaba tiempo buscando a su hombre.

A Jacob.

—Íbamos a preguntar más cosas—balbuceó Crhistian cuando el cuerpo chocó como costal contra el suelo—Que mierda hiciste.

—No uses ese tono de vos con mi mujer, Crhistian, te recuerdo que últimamente has estado cruzando la línea—amenazó Jacob yendo con la pelinegra.

Cris rodó los ojos y miró detrás de Jacob. Sobresalia, de aquel grisacio lugar, la melena roja de Vanessa. Su rostro pareció retomar color y a pasos apresurados fue con ella quien lentamente salía detrás de una columna con Lili en brazos. Todos pudimos tomar un respiro.

—Ahh, la pequeña Lili—Crhistian soltó un suspiro gigantesco de alivió, besó a su novia y sostuvo a la pequeña Lili entre sus brazos acariciando su cabello y besando su cabecita repetidas veces.—Mi sobrina—la despegó un poco de su cuerpo y la elevó olvidando por completo qué estábamos todos aquí—Quién es la pequeña Lili Relish, si, eres tú. Quien es mi sobrinita. Mua mua mua—repetía besando sus mejillas y la bebé sonreía mostrando sus dientes.

—Mm—aclaré mi garganta—Crhistian, mi hija—demande y él me miró con hastío.

—Mi hiji—se quejó y le dió un último beso dejándola en mis brazos con delicadeza.

—Papi—murmuró la pequeña—papi, papi—y sus ojos me miraron con profundidad y comenzaron cristalizarse, iba a llorar.

Lili pegó su pequeña cabecita a mi pecho y comenzó a llorar humedeciendo mi ropa.
Maya me miró con hastio, estaba molesta, pero no intento quitarla de mis brazos.

—Si Lili, es papi. Ya estas a salvo—susurré besando la coronilla de su cabeza con subida y sentí un nudo en la garganta.

Era un idiota.

Un grandioso idiota.

Sentí mis piernas débiles así que baje lentamente al suelo deslizando mi espalda por una columna de allí. Todo este tiempo la había dejado sola, no solo a Maya, sino también a mi hija, a mi pequeña hija.

Apreté más a Lili en mis brazos y trate de esconder mi rostro aunque eso era imposible, y comencé a llorar en silencio. Tenía un aroma dulce a bebé, ese distintivo aroma raro y delicado, era tan suave que lograba sentirse como un abrazo al corazón.

—Perdóname—susurré—No quería hacerte llorar.

—Está asustada por el ruido y por estar lejos de su madre, ella todavía no lo entiende—Dijo Jacob caminando a mi y estiró su mano llena de sangre.

—¡No la toques Jacob! No te acerques porque la vas a ensuciar—ataqué en seguida golpeando su mano con furia.

Estaba frustrado, enojado. Tenía un remolino de emociones en el pecho, un remolino que había enterrado y que después de esto había explotado.
Que nadie se atreviera a tocar a mi hija, ni él ni nadie. Que no le hable. Que no la toquen. Que no la miren.

Nadie en este puto mundo puede siquiera ver a los ojos a Lili Relish.

—Hazel calmate—intervino Maya dando pasos hacia mi estirando sus brazos demandando qué le entregase a mi hija.

Negué con la cabeza.
—No, Maya, no la apartes de mi—tenía la necesidad de apretarla más en mis brazos y de asegurarme qué nadie me la quitara.

—Hazel tienes que tranquilizarte, es mi hija—tajó Maya mirandome desde arriba.

—Pero Maya—balbuceé.

Está era la primera vez que sentía un miedo terrible invadir cada parte de mi ser. Mi pulso estaba acelerado y mis manos temblaban con temor. Estaba asustado. Después de mucho tiempo, temía por algo verdaderamente.

Sentí un nudo formarse en la boca de mi estómago. El pecho lo tenía inundado de cosquillas qué me apuñalaron para reaccionar.

Todos me miraban. Y yo podía asegurar algo, me veía miserable, me veía débil.

—Hazel—volvió a demandar a la niña.

Negué de nuevo.

¿Qué iba a hacer?

¿De que manera le iba a pedir que no se apartara de mi, ni ella ni lili?

Con que cara, con que valor, con que derecho se lo pediría.

Con mi brazo derecho sostuve a mi pequeña hija acunandola entre mi pecho, ella se mantenía tranquila mirando mi rostro pero yo solo veía a Maya.
Con mi mano izquierda me sostuve contra el suelo para no caer y

de rodillas me arrastre hacia Maya.

—Hazel ponte de pie—ordenó Jacob.

—De pie Hazel—apoyó Christian.

Ella solo me miraba acercarme . No vi expresión alguna en su delicado rostro.

—Por favor—murmuré y mi mano quedo frente de sus pies—por favor Maya.

Jacob se acercó a mi y por un instante pensé que querría levantarme así que me alteré de nueva cuenta. Mi cuerpo estaba a la defensiva. Pero nada malo ocurrió. Jacob se puso en cuclillas a un lado mío y extendió las manos.

Quería a Lili.

Lo dude.

—¿Estarás de rodillas con tu hija en brazos?—tajó con una sonrisa ladina pero sus ojos detellaban de insatisfacción.

Así que negué y se la entregue en un suave movimiento. Él tenía razón, no podía estar en esta posición y tenerla a ella en brazos.

Jacob caminó a un lado de Crhistian que en segundos dejó de mirarme y comenzó a hacer caras con Lili.

Mi vista volvió a Maya. Ella no se inmutó ni un poco.

No había siquiera un ápice de alguna emoción en particular. Sus ojos se veían oscuros, un tanto apagados. Sus labios incluso parecían hacer una mueca extraña que podía percibir como desagrado.

Bajé la cabeza y miré hacia el suelo. Las lágrimas bajaban en silencio una tras otra. Lentamente encorvé mi espalda hasta que mi frente pudo tocar sus pies.

—No hagas esto—murmuró ella con dificultad

—Te lo suplico—apenas podía hablar—No la alejes de mi, Maya. Y tú tampoco te vayas.

Vendida #2: Recuerdame ➜+18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora