Las luces le deslubraban los ojos. Escuchaba ruido aquí, allá. Sombras, gritos. Pero no era su momento de despertar.
Hazel siempre se vió envuelto en un total caos, siempre junto a sus dos primos. Siempre los Relish.
Habían tantas cosas que Hazel tenía que aclarar pero no sabía si estaba demás decirlo, eran cosas del pasado, cosas que ya se habían superado.
—Si no estás aquí que me jodan entonces—le contestó un furioso Jacob desde el otro lado del teléfono.
—Estoy en algo, no hagas esto—le dijo mirando de reojo a Maya y a su madre, en su dedo giró el aro donde se enganchaban las llaves de un auto.
—Me llevaré a Crhistian, iremos él y yo solos.
—Bien, basta. Es una puta locura ¿Sabes en que mierda te estás metiendo?
—¿Estás dentro o no? Hazel.
—Llego en veinte minutos—contestó por último y colgó la llamada.
Hazel caminó cerca de las dos mujeres atrapando a Maya por la cintura, rozó su nariz con suavidad y sonrío ligeramente. A Hazel le apenaba besar a la chica frente a su madre, se moría de ganas, pero solo consiguió un carmín en sus mejillas. Se apartó en seguida al ver cómo la menor se reía de su vergüenza.
—Tengo que irme—murmuró con dulzura.
La sonrisa de Maya se borró al instante—¿Por qué? ¿A donde irás?
El pecho de Hazel se apretó al ver la preocupación y la tristeza en sus ojos. Pero no tenía más remedio.
—Te lo contaré más tarde, lo prometo, dulcecito—susurró con ternura y beso la coronilla de su cabeza–No puedo conducir el auto, discúlpame preciosa.
—Bien, me han estado ignorando. Es hora de irnos—habló la madre de Maya y los miró juguetonamente. Hazel se apartó en seguida con la cara caliente y roja de la pena.—Ve a donde tengas que ir, nos veremos más tarde, no te preocupes—dijo nuevamente la mujer mayor y despeinó con cariño el cabello oscuro del chico.
—Prometo regresar rápido—sonrío una última vez entregando las llaves en las manos de la mujer y se dió la vuelta yéndose a pasos apresurados.
Lo había olvidado, o más bien nunca había vuelto a pensar en aquella vez cuando no quiso conducir el auto porque se iba con Jacob, aquella vez que desaparecieron por unos cuantos años. Hazel nunca supo del accidente hasta que llego nuevamente a su ciudad. E incluso si aquello no hubiera sucedido, había abandonado a Maya, sin comunicación. Sin explicaciones. Pero no pudo regresar.
El pelinegro mediano de los Relish se encontraba sentado en un pequeño sofá dentro de su oficina. En su vaso de vidrio giraba un líquido amarillento arrastrando consigo el cubo de hielo. Le dió un trago profundo casi ni sintiendo el ardor caliente en su garganta.
—¿Señor?—alguien habló del otro lado de la apuerta. Hubo un largo silencio, era claro que Hazel no deseaba ser molestado. —Señor... Es ella, es la señorita Maya—suspiró pesadamente.
Hazel apretó en vaso en sus manos y con rabia lo lanzó contra la pared rompiéndolo en mil pedazos. En aquella ocasión estaba perdiendo la cabeza.
—¡Pues comprala, mierda!—bramó furioso poniéndose de pie lanzando una pequeña mesa contra la pared, estampando la botella de ron en en piso—¡Comprala! ¡Sacala de ahí! Llevatela lejos de ese miserable.
—¿A donde quiere que la enviemos? Hemos comprado otras dos chicas, las destinaremos como meseras en la isla...
—¡Pues que se vaya con ellas! No dejes que esté cerca de nadie que pueda dañar la.
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Vendida #2: Recuerdame ➜+18
Storie d'AmoreAhora claro que se arrepentía por lo que en un inicio no se quiso arriesgar. -Te he encontrado en cada sueño, en cada suspiro, en cada anhelo, en cada sonrisa: eres mi misma felicidad, porfavor, recuerdame. Ahora todo este papel era inverso... Haze...
