Hazel
Despierta Hazel
Hazel
Ey
El pelinegro abrió los ojos de golpe tomando una gran bocanada de aire silenciosa. Había luz tenue en su habitación de hospital, reconocía al instante que era una habitación privada. Un dolor punzante le presionó el abdomen, justo dónde recibió el disparo. Miró a su lado izquierdo con dificultad girando la cabeza lentamente y miró a Maya. Ella se mantenía con la cabeza baja, picando fruta sobre un plato. Precisamente pelaba una manzana en la cual miraba caer sus lágrimas una tras otra.
Parecía estar aturdida. Vestía un saco azul marino. Su cabello resbalaba libre sobre sus hombros.
—Maya—susurró débilmente. Quiso levantarse de prisa, pero no pudo hacerlo así que soltó un gemido de dolor.
Maya levantó la vista al escucharlo quejarse. Sus ojos se clavaron en el con preocupación. Con el dorso de su mano limpió sus lágrimas rápidamente y dejó el plato de fruta a un lado. —Llamaré al doctor—dijo rápidamente poniéndose de pie.
Hazel asintió. Estaba recordando todo lo sucedido en aquel lugar. Cuando cayó de rodillas no escuchó nada de lo que sucedía, un pitido se instaló en sus oídos. Quería saber que era aquello que le gritaba Maya, pero quizá no era buen momento para preguntar así que dejó que saliera de aquella habitación.
Por su mente rodaron aquellos recuerdos que soñó cuando estaba inconsciente. Había querido olvidar la culpa que lo mataba por dentro, ya que había sido su culpa, sin excusa alguna, todo lo que había sucedido.
Suspiró apretando sus labios en seguida por el dolor. Se descubrió de aquella sabana de hospital, estaba claramente desnudo, solo una venda se enredaba en su torso. Las agujas pinchaban sus muñecas, pero se zafaron una vez hizo todos esos movimientos.
—No deberías moverte, idiota—Dijo Christian entrando con Vanessa a la habitación, seguido de Jacob y la pelinegra. —¿Y Maya? ¿No funcionó verte desnudo? —el menor de los Relish hizo una mueca seria de decepción.
Hazel suspiró con profundidad, ahora ya sabía porque no tenía bata. No dijo nada, todos se sentaron, a excepción de la pelinegra que se quedó parado a un lado de Jacob mirando con desdén a Hazel.
Todos lo notaron, pero nadie dijo nada.
Hazel bajó la cabeza esquivando la mirada de la pelinegra. El doctor entró con Maya a un lado y sonrío al ver a Hazel.
—¿Cómo se siente señor Relish?—murmuró tomando unos pales en sus manos y se acercó.
—Bien, solo tengo dolor—contestó mirándolo.
El doctor revisó a Hazel. Anotó algunas cosas y entregó unos informes a algunas enfermeras. Tenía que estar en reposo, podía continuar en el hospital o ser llevado a casa, eligió lo segundo.
Todos estaban callados alrededor de él. Quizá recordaban la humillación de aquel día, pero no le importaba ni un poco. No sabía ni que tenía que pensar por el momento. Maya se mantenía distante solo mirando, no sabía si Hazel recordaba todo lo que le gritó cuando pensó que moriría, pero esperaba que no fuera así, aun no estaba segura de estar con el de nuevo.
El teléfono de Cris comenzó a vibrar con un melodioso sonido infantil.
—Hora de recoger a mi sobrinita—Sonrió grande caminando prisa.
—¿Hablas de Lili? ¿Dónde mierda dejaste a mi hija? — bramó Hazel con angustia moviéndose de bruscamente para sentarse al borde de la cama con rapidez, miró a Maya buscando ayuda más ella no dijo nada así que el devolvió su mirada a Cris.
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Vendida #2: Recuerdame ➜+18
RomanceAhora claro que se arrepentía por lo que en un inicio no se quiso arriesgar. -Te he encontrado en cada sueño, en cada suspiro, en cada anhelo, en cada sonrisa: eres mi misma felicidad, porfavor, recuerdame. Ahora todo este papel era inverso... Haze...
