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capitulo 16

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Ya hay nuevo Naofon. Ya puedo escribir un poquito (solo poquito) más decente. Y poner emojis 🤟🏼🤟🏼🥰🤤💗😔🫦👍🏿👅😾🤤😾🍄🫦😍😾🍪🔥😾🐶😾
🔥🔥.

La pelvis de Hazel chocaba con rudeza contra el trasero de Maya. No quería parar. No sabían cuántas horas habían pasado, ni que tanto habían hecho, pero ninguno quería parar.

Con una sola mano, Hazel sostuvo ambas muñecas de Maya detrás de su espalda y con la otra mano libre le apretaba la cadera para no dejarla caer. Su piel ardia y ambos, empapados en sudor, llegaron nuevamente a su climax.

El cuerpo entro de ella tembló en esa sensación deliciosa a punto de dejarse caer, pero Hazel, quien también temblaba sin salir de ella, la sostuvo fuertemente abrazándola por el abdomen, y pegó la espalda de Maya a su pecho sin separarse. El interior de ella lo apretaba una y otra vez en una tortura dolorosamente placentera, temblando. Él, por su parte, se estremecía, tensando una y otra vez los músculos  vaciandose por completo dentro de ella. Era quizá la tercera o la sexta vez que lo hacía, pero no quería parar.

—Hazel—jadeó—tenemos que parar.

—No quiero—suspiró pesadamente, anonadado en su brillante cuerpo. Besó su nuca y mordisqueo suavemente su cuello una y otra vez. Con su pulgar dibujaba suaves circulos en su abdomen y nuevamente comenzó a mover sus caderas embistiendo con suavidad a Maya.—No quiero parar—jadeó apretando la cintura de la mujer y luego, con sutileza, deslizó sus dedos a su entrepierna humedecida, y la acarició con lentitud.

Maya tenía la cabeza totalmente perdida. Había olvidado casi por completo lo bien que él la hacía sentir. Como en los viejos tiempos, ¿no?

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Maya sentía un dolor en sus piernas, como si hubiera corrido kilómetros. A su mente vino la noche anterior y en cómo meneaba sus caderas en un vaivén arriba del miembro de Hazel. Sonrió apenas y se removió en la cama sintiendo como Hazel se aferraba con firmeza a su cintura y la apretaba contra su pecho.

No quería levantarse, estaba desnuda y sentía el calor delicioso emanar del cuerpo de él.

—¡Hazel!—gritó alguien. Una voz masculina. Era Christian.

Maya se sentó de golpe al borde de la cama y luego se echó a correr a toda velocidad al baño y se encerró allí.

Christian llegó a la puerta de la habitación y tocó fuertemente, segundos después Hazel abrió sonriente, había visto correr a Maya.

—¿Que pasá?—preguntó Hazel desde dentro de la puerta, solo asomó la cabeza levemente sin abrir por completo.

—Pues qué estamos todos aquí. Vamos a desayunar.

—Ah si, claro, voy.—contestó—pensé que tenían alguna emergencia con Lili.

—¿Lili?—rió ofendido—Pfff, conmigo mi sobrina jamás estará en peligro.—lo miró con fingido desdén y luego se marchó de ahí.

Hazel sonrió. Estaba completamente seguro de que su hija estaba bien con ellos por eso no se preocupaba pero si quería verla.

Cerró la puerta y luego caminó hacia el baño. —¿Por qué qué corriste así?—le preguntó a Maya desde afuera.

—¿Eres tonto?—murmuró—Ellos no pueden saber esto—ordenó y abrió la puerta. Desde adentro salía vapor lo que indicaba, así como su cabello mojado, que había tomado una corta ducha.

—¿Por qué no pueden saberlo?

—Esto queda entre tú y yo—amenazó Maya poniendo un dedo en el pecho de él—hablemos después, por lo mientras date una ducha y cámbiate para que bajemos a desayunar.

Hazel asintió.

Parecían papeles totalmente invertidos. Él era el tipo de una sola noche. Él hombre de la vida galante. A quien le pagarían unos cuantos dólares. El gato de Maya. Pero le gustaba.

Maya lo esperó peinando su cabello con suavidad. Después de la ducha Hazel se vistió de manera sencilla.

—Te ves divina—murmuro detrás de ella.

—Lo sé, gracias—sonrió y se dió media vuelta quedando frente de él.

Hazel la miró con lentitud. Llevaba un vestido manco de florecillas y le sentaba muy bien. Sus muslos estaban a la vista, lo llamaban, lo atraían. Así que se puso de rodillas frente a ella y hundió su rostro entre las piernas de Maya.

—¿Qué haces?—preguntó Maya sorprendida.

—Son tan suaves—murmuró más para si mismo que en respuesta a ella y continuó. Frotó la punta de su nariz en sus piernas, con suavidad. Sentía la necesidad de estar allí, pero no de una manera sexual.

Vendida #2: Recuerdame ➜+18Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora