Después de un rato, la noche comenzó a caer. Mi ropa aún seguía húmeda, pegándose a mi piel de manera incómoda, el agua que la enfermera me había arrojado se había secado a medias en el aire frío. Ella, con la misma calma inquietante de antes, empujó mi silla de ruedas hacia el interior de la casa.
Me dejó junto a una ventana amplia que daba al jardín, donde la oscuridad comenzaba a devorar los últimos rastros de luz. Sin mirarme, se dirigió hacia la chimenea. Encendió la leña con movimientos metódicos y luego se sentó a tejer. Había algo casi hipnótico en su quietud, pero yo, no podía compartir su tranquilidad. Las fibras de mi ropa seguían cargadas de humedad, y esa sensación me hacía imposible relajarme. Traté de concentrarme en las gotas de agua que quedaban suspendidas en el cristal de la ventana, pero la incomodidad seguía allí, tanto en mi cuerpo como en mi mente.
El sonido de las gotas golpeando el cristal era hipnótico. Mis ojos se perdieron en el patrón irregular de la lluvia, y mi mente comenzó a divagar. Había algo inquietante en esa calma; la sensación de que el tiempo, o incluso la realidad, se estaba desvaneciendo. Fue entonces cuando noté un pequeño detalle que antes había pasado por alto: una radio sobre la repisa de la chimenea.
El sonido estático llenó el ambiente por un instante, hasta que una canción comenzó a reproducirse. Reconocí las primeras notas antes de que la enfermera empezara a recitar las palabras con una voz fría y precisa, haciendo que mi cuerpo se tensara. Sentí cómo mis dedos se aferraban a los reposabrazos de la silla de ruedas, pero no podía moverme. Algo dentro de mí sabía que esto era inevitable.
Su voz resonaba como sí viniera de todos los rincones de la habitación. Cada palabra parecía hundirme más en un abismo de impotencia. Luego escuché otra voz, una que no venía de ella, sino de dentro de mí. La voz de Lethe. La escuchaba llorar, suplicando, pidiendo ayuda. Mientras la enfermera recitaba la canción, mi mente se llenó de imágenes fragmentadas, casi distorsionadas. Sentí un nudo en el estómago, como si algo en mi interior estuviera a punto de romperse.
Las imágenes comenzaron a tomar forma poco a poco, recuerdos que había enterrado. No podía escapar de ellos: el desgarrador grito de Lethe, la desesperación en sus ojos, mi incapacidad para detener lo que ocurrió. Sentí un dolor abrasador en mi pecho, como si mis heridas internas volvieran a abrirse.
La lluvia se detuvo. O, más bien, las gotas quedaron suspendidas en el aire, inmóviles, como si el tiempo mismo hubiera decidido congelarse. En ese momento, noté una sombra que se movía a lo lejos, acercándose lentamente.
La voz de la enfermera llenaba la habitación pero el fuego en la chimenea se apagó. La temperatura en la habitación descendió de golpe, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sentía la humedad de la lluvia en mi piel, aunque sabía que no era real.
La sombra tomó forma. El barman se acercaba lentamente a la ventana, su figura destacando en el extraño escenario. No se mojaba. Ni una sola gota de agua tocaba su ropa. Una presencia irreal, tangible y aterradora.
Cuando llegó frente a la ventana, esta estalló en pedazos. El estruendo me sacó de mi trance, y el impacto me hizo caer de la silla. La música se detuvo de golpe, y el silencio fue sustituido por el regaño severo de la enfermera.
“¿Qué crees que estás haciendo?” espetó, ayudándome a levantarme del suelo. Su mirada parecía furiosa, pero había algo en sus ojos, una sombra de algo más: ¿miedo, tal vez?
Se quejó de la ventana rota, de mi ropa empapada, como si eso pudiera explicar lo que acababa de suceder. Pero yo sabía que no era así. Mi mente intentaba buscar una lógica, pero todo parecía escapar de mi comprensión. ¿Cómo había sucedido? ¿Era posible que el barman, un producto de mi imaginación, pudiera volverse tan real?
Mientras la enfermera hablaba, su voz se perdía en el eco de mis propios pensamientos. El frío que sentía ya no venía de la habitación, sino de dentro de mí. Algo estaba cambiando, algo que no podía controlar.
ESTÁS LEYENDO
Prisión
Misteri / ThrillerUna persona que está internada en un hospital mental, es atormentada con una canción que le recuerda sus pecados. Mientras trata de descubrir quién es y qué hace en ese lugar, es acechado constantemente por una figura misteriosa.
