No te culpo,
ambos nos equivocamos...
Porque al final sé que te quise
más de la cuenta,
que no medí la intensidad
y te entregué los sentimientos
sin pensarlo.
Y tú,
todavía no estabas listo,
no sabías lo que querías
y por eso es que jamás valoraste
lo que te ofrecía.
Ambos nos equivocamos.
Y ninguno tiene la culpa
de jamás haber funcionado.
