Que sabes tú, de mis noches de angustia,
de mis miedos, de mis pensamientos, tal vez locos, pero jamás con malicia.
Que sabes tú, de mis lágrimas y el origen de ellas, o de mis risas sin saber que las provoca.
Que sabes tú de mi soledad, y el de porque la he elegido como mi mejor compañera.
Que sabes tú, de mi ansiedad y de mis noches de insomnio, los cuales tienen nombre y apellido.
Que sabes tú, del estado de mi corazón, herido, maltrecho, con cicatrices, pero aun así con unas ganas enormes de amar.
Que sabes tú, de mis demonios o de mis virtudes, con los cuales convivo día a día, y me han enseñado a ser quien ahora soy.
Que sabes tú, de mis ganas de amar y de mi forma de hacerlo, nada, no sabes nada de mí.
Porque si lo supieras estarías aquí conmigo.
