Te busco en el eco de la noche callada,
en el susurro del viento que no dice nada.
Te encuentro en mi mente, mi cruel prisión,
donde cada pensamiento se vuelve obsesión.
No es amor, lo sé, es algo distinto,
un deseo voraz, un impulso instinto.
No busco tu alma, ni anhelo tu risa,
sólo ser la dueña de tu piel sumisa.
Tu nombre resuena como un grito eterno,
quemándome lento en un fuego interno.
Y aunque sé que no es sano, que no es real,
mi corazón se aferra a este sentir mortal.
El insomnio me abraza, la cordura se va,
mientras invento un mundo que nunca será.
Eres mi fantasía, mi dulce condena,
un espejismo cruel que mi razón envenena.
No quiero amarte, pero no sé parar,
mi obsesión me consume, no puedo escapar.
Y en esta locura que no tiene fin,
soy una prisionera de lo que no puede existi
