Las sirenas de la ambulancia rasgaban la noche mientras se deslizaba a toda velocidad por las calles mojadas. En su interior, cada sacudida intensificaba la urgencia, mientras los paramédicos luchaban por estabilizar a Lexa. Uno de ellos sujetaba con firmeza la mascarilla de oxígeno sobre su rostro, mientras otro presionaba una gasa empapada en sangre contra la herida de su cabeza.
- ¡Presión en 80/50, sigue bajando! - anunció uno de ellos, con el ceño fruncido.
- Necesitamos llegar ya. Si entra en paro otra vez, podría no salir de esta - advirtió su compañero, preparando una inyección de adrenalina.
Lexa apenas sentía. Su cuerpo, alguna vez fuerte y ágil, ahora era un peso muerto hundiéndose en un abismo. El dolor era un fuego sordo en su pecho, una punzada helada en cada extremidad que la abandonaba poco a poco. Su respiración, débil y entrecortada, la hacía sentir que algo dentro de ella se desprendía, deslizándose fuera de su alcance.
Pensamientos fragmentados, recuerdos que se mezclaban con una realidad borrosa. Quiso moverse, quiso hablar, pero su cuerpo no le respondió. Solo quedaba el frío, reclamándola. Un miedo visceral la atravesó: ¿era este el final? La tristeza la envolvió como una sombra. Si este era su final, lamentaba no haber tenido más tiempo... para amar, para corregir sus errores, para decirle a Clarke que nunca dejaría de amarla. Las sirenas se volvieron lejanas, como si ya no perteneciera a este mundo.
La ambulancia frenó de golpe frente al Hospital St. Thomas. Las puertas traseras se abrieron de inmediato y los paramédicos bajaron la camilla con rapidez.
Las puertas automáticas del hospital se abrieron con un zumbido mecánico. Las ruedas chirriaban sobre el linóleo, acompañadas por las voces urgentes del equipo médico.
- ¡Víctima de atropello! - gritó un paramédico. - Mujer caucásica, treinta y tantos años, encontrada inconsciente. Trauma craneoencefálico severo, fracturas costales, probable hemorragia interna. Entró en paro cardiorrespiratorio, pero la estabilizamos. Presión en descenso, pulso irregular.
Bajo las luces fluorescentes, la piel pálida de Lexa contrastaba con la sangre en su ropa. Sus párpados temblaban apenas, su respiración era un hilo.
El médico de guardia, de semblante serio y ojos afilados, caminó junto a la camilla, evaluando la situación con frialdad.
- Llévenla a trauma uno. Intubación inmediata. Prepárenla para cirugía y estabilicen su presión. Necesitamos una tomografía urgente.
Un enfermero retiró la ropa ensangrentada de Lexa, colocándola en una bolsa con sus objetos personales. Al revisar entre ellos, encontró una tarjeta: Alexandra Woods, Duquesa de Sussex. Inspiró profundo y se apresuró a la recepción, buscando en la base de datos el contacto de emergencia: Bellamy Blake.
Una asistente marcó el número. El tono sonó varias veces hasta que una voz femenina respondió, sorprendida y cautelosa.
- ¿Hablo con el Sr. Bellamy Blake? - preguntó la asistente.
- No... soy Octavia - respondió ella con un nudo en la garganta. - Era mi hermano. Habla su hermana, Octavia Blake. ¿Quién habla?
La asistente respiró hondo antes de responder, su tono urgente.
- Llamo del Hospital St. Thomas. La Duquesa de Sussex, Alexandra Woods, ha sufrido un grave accidente. Su hermano figura como contacto de emergencia. Su estado es crítico, necesitamos que alguien venga lo antes posible. ¿Usted podría localizar a alguien?
Silencio. Denso, cargado de temor y recuerdos olvidados. Octavia cerró los ojos, recordando tiempos en los que ella y Lexa hablaban sin la barrera del pasado. Ahora, la llamada no era para reencontrarse, sino para enfrentar una posible despedida.
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Solamente tu
FanfictionAquella playa soleada estaba llena de secretos y deseos... La supermodelo Clarke Griffin necesitaba escapar de todo, así que se marchó de incógnito a la Rivera Maya en busca de paz. Pero la paz era algo inalcanzable si Alexandra Woods estaba cerca...
