El sol de la tarde bañaba el parque con un resplandor cálido, filtrándose entre las hojas de los árboles y pintando el césped de tonos dorados. Clarke estaba sentada en una banca de madera junto a su hermana, Lexa en su mente, pero la tristeza ya no oprimía su pecho como antes. Habían pasado años desde aquel adiós, y aunque la herida nunca desapareció del todo, aprendió a vivir con su ausencia, a abrazarla como parte de ella.
- ¿Te acuerdas cuando papá intentó hacer panqueques y casi incendia la cocina? - soltó Echo con una sonrisa cómplice, tomando un sorbo de su café.
Clarke soltó una risa genuina, de esas que nacen del alma.
- Dios, sí... Y luego intentó culpar al sartén, como si tuviera vida propia.
Ambas rieron juntas, un sonido liviano que se mezcló con el canto de los pájaros y el murmullo de las hojas meciéndose con la brisa. Por primera vez en mucho tiempo, Clarke se sintió en paz. No había dolor en sus risas, solo recuerdos cálidos que la envolvían con ternura.
Su mirada se perdió entre los niños que corrían por el parque, sus risas cristalinas mezclándose con el susurro del viento entre los árboles. Los pájaros trinaban suavemente en las ramas, y el sonido de una pelota rebotando contra el pavimento llenaba el aire con una cadencia rítmica. Clarke observaba sin realmente mirar, su mente vagando en la serenidad del momento, hasta que un destello familiar captó su atención.
Sus ojos se fijaron en una niña de cabello castaño y ojos verdes, su pequeña figura moviéndose con energía desbordante. Clarke sintió cómo su pecho se contraía, un nudo formándose en su garganta mientras su corazón daba un vuelco. Por un instante, todo lo demás desapareció: el parque, las voces a su alrededor, incluso el sol que acariciaba su piel. Solo quedaba ella.
El viento sopló suavemente, revolviendo los mechones castaños de la niña, y en ese instante, Clarke supo que estaba viendo más que a su hija. Estaba viendo a Lexa en cada facción de su rostro, en cada destello travieso de su mirada, en la forma en que su risa llenaba el aire con una calidez indescriptible.
- ¡Alycia, ven aquí, amor! - llamó Clarke con una sonrisa radiante, su voz vibrando con ternura y emoción.
Una pequeña de cabello castaño y ojos verdes se giró al escuchar su nombre. Sus ojos se abrieron de par en par con emoción y, con una risa burbujeante, soltó la cuerda que sostenía y salió corriendo hacia Clarke con los brazos extendidos. Sus pequeños pasos golpeaban el césped con una liviandad juguetona, y su cabello voló al compás de la brisa, reflejando destellos dorados bajo la luz del sol. Clarke sintió su corazón saltarse un latido. Cada movimiento de la niña, cada rastro de su expresión, le recordaba tanto a Lexa que le resultaba casi abrumador. Pero cuando su hija finalmente se lanzó en sus brazos, envolviéndola con calidez y risas, Clarke supo con certeza que no era solo un recuerdo: era amor hecho vida.
- ¡Mamá! - gritó la niña antes de lanzarse contra Clarke, quien la recibió con un abrazo lleno de amor.
Clarke cerró los ojos un instante, sosteniéndola con fuerza contra su pecho. Sintió el latido acelerado de su hija, su calor, su vida. En ese instante, supo que Lexa estaba ahí, en cada sonrisa de Alycia, en la luz de su mirada, en la risa que llenaba los espacios vacíos.
Abrió los ojos y miró al cielo. La brisa acarició su rostro con suavidad, como una caricia etérea, y supo que, de alguna manera, Lexa estaba sonriendo con ellas.
El amor que compartieron nunca murió, solo encontró una nueva forma de existir.
Fin
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¡Hola, mis queridas lectoras!
Primero que nada, gracias de corazón por haberme acompañado en esta aventura un poco loca, pero llena de emociones. Ya saben que la vida y la muerte van siempre de la mano (a veces hasta se llevan bien, ¿quién lo diría?), y esta historia fue mi manera de mostrarles un final que, para mí, fue lo correcto. Sé que no siempre hay un "final de cuento de hadas", pero la realidad suele tener sus sorpresas en el momento menos pensado, ¿verdad?
Si en algún punto sintieron enojo o sorpresa, creanme que todo valió la pena. Me llena de alegría saber que estuvieron aquí, atentas a cada detalle y cada capítulo, viviendo conmigo esta experiencia hasta el último suspiro. No voy a negar que me embarga un poquito la nostalgia de terminar Solamente Tu, pero también estoy contenta de haber podido regalarles un pedacito de mi imaginación.
Y con esto, les digo GRACIAS, en mayúsculas, por el apoyo y los nervios que compartimos. ¡Espero que hayan disfrutado tanto como yo! Nos veremos (o leeremos) en la próxima historia, porque nunca se sabe cuándo la inspiración decide saltar sobre uno.
¡Un abrazo enorme y hasta pronto!
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Solamente tu
FanfictionAquella playa soleada estaba llena de secretos y deseos... La supermodelo Clarke Griffin necesitaba escapar de todo, así que se marchó de incógnito a la Rivera Maya en busca de paz. Pero la paz era algo inalcanzable si Alexandra Woods estaba cerca...
