Capitulo 17

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El tenue resplandor del amanecer se filtraba a través de las cortinas de la habitación de terapia intensiva. El sonido monótono del monitor cardíaco llenaba el espacio con un ritmo lento, marcando la fragilidad de la vida que aún permanecía en Lexa. Clarke no había dormido. No podía. Se aferraba a la mano inerte de Lexa, su pulgar trazando círculos en la piel fría, como si su toque pudiera anclarla a este mundo un poco más.

Entonces, sintió un leve movimiento. Un estremecimiento casi imperceptible en los dedos de Lexa. Clarke contuvo la respiración, su corazón tamborileando en su pecho mientras veía cómo, con un esfuerzo infinito, los párpados de Lexa temblaban antes de entreabrirse.

Lexa...  - susurró con un nudo en la garganta. 

Los ojos verdes, apagados por el dolor y el cansancio, se posaron en Clarke. Tardó en enfocarla, como si su mente aún estuviera atrapada en algún lugar entre la vida y la muerte. Sus labios se entreabrieron, pero ningún sonido salió de ellos. Clarke sintió que su pecho se rompía en mil pedazos.

- Shh, tranquila... estoy aquí  - dijo, apretando su mano con suavidad.

Lexa intentó sonreír, pero el esfuerzo le costó más de lo que su cuerpo podía soportar. Su respiración se quebraba en jadeos irregulares, cada inhalación parecía arrancarle un pedazo de vida. Clarke inclinó la cabeza, acercándose a ella, y en ese instante, los ojos de Lexa se llenaron de lágrimas. Un susurro apenas audible escapó de sus labios, una súplica de arrepentimiento y amor entrelazados en una última despedida no pronunciada.

- Lo siento...  - murmuró con voz apenas audible.

Clarke negó rápidamente, pero su voz se quebró antes de poder hablar. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas en un torrente silencioso, empapando su piel con la desesperación que la consumía. Se aferró a la mano de Lexa como si con solo sujetarla pudiera impedir que el destino la arrancara de su lado. Su pecho subía y bajaba con respiraciones entrecortadas, su corazón golpeaba como un tambor desbocado en su interior. Miró esos ojos verdes que tanto había amado, ahora apagados, al borde de la despedida, y sintió un abismo abrirse bajo sus pies. Era demasiado pronto, era demasiado injusto. Su garganta se cerró, pero aún así forzó las palabras a salir, a aferrarse a la esperanza, aunque supiera que la estaba perdiendo.

- No, no tienes que disculparte. No ahora. No así.

- No estuve cuando Bellamy murió... cuando más me necesitaste... - Lexa jadeó, su voz apenas un hilo de aire escapando de sus labios agrietados. Sus ojos, vidriosos por el dolor y la fiebre, se clavaron en Clarke con una tristeza insoportable -. No estuve cuando el mundo se te vino abajo, cuando lloraste en soledad, cuando tuviste que despedirte de él sin mí a tu lado...

Su respiración tembló, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo. Clarke vio el dolor reflejado en cada fracción de su rostro: en la tensión de su mandíbula, en la forma en que sus dedos apenas podían sostener los suyos.

- No estuve... ni en los momentos felices. No vi tu sonrisa cuando lograste algo que te hacía sentir orgullosa, no estuve para sostenerte cuando el peso de todo se volvió insoportable... - Su voz se quebró, su mirada suplicante mientras una lágrima silenciosa resbalaba por su mejilla -. Y daría lo que fuera por cambiarlo.

Lexa cerró los ojos un instante, su rostro crispándose con el esfuerzo de respirar. Clarke sintió que su propio pecho se encogía, que el tiempo se reducía a ese momento, a la distancia que aún las separaba.

- Pero sí estás aquí ahora... - susurró Clarke con la voz quebrada, acercándose más, con desesperación, con la necesidad de aferrarse a lo que aún quedaba de ellas - . Y no quiero que te vayas. Es más, te prohíbo que te vayas. Nos falta mucho por hacer juntas, Lexa. Nos faltan amaneceres, risas, promesas... Nos faltan días en los que simplemente podamos ser. No puedes irte, porque aún hay un futuro que quiero construir contigo.

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