Capitulo 16

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Lexa sigue en coma inducido. Los médicos han hecho todo lo posible, pero su estado sigue siendo crítico. Clarke y Octavia permanecen en el hospital, enfrentando la incertidumbre. La noticia de la Duquesa de Sussex en estado crítico ha desatado un frenesí mediático, lo que añade más presión al momento. Han pasado semanas, y aunque el tiempo avanza, nada parece cambiar. Los paparazzi y reporteros han intentado colarse en el hospital en varias ocasiones, desesperados por obtener una foto de Lexa en su estado vulnerable, lo que ha obligado al personal de seguridad a reforzar las medidas para evitar filtraciones.

Echo, la hermana de Clarke, regresó para apoyarla en estos días difíciles. Su presencia es un ancla en medio del caos, pero incluso con ella cerca, Clarke sigue sintiéndose perdida. Anya, su antigua amiga y jefa, también voló para estar con ella. Su apoyo es firme, pero el peso de la espera es insoportable. A pesar de todo, Lexa sigue inmóvil, atrapada entre la vida y la muerte.

En una de esas noches interminables, Clarke, Octavia y Echo se encontraron en la pequeña sala del hospital. El cansancio se reflejaba en sus rostros, pero el silencio entre ellas estaba cargado de emociones no dichas.

- Si Bellamy estuviera aquí, nos diría que dejemos de preocuparnos tanto - susurró Octavia, con la mirada perdida en la ventana - . Que Lexa es demasiado terca para irse sin pelear.

Echo soltó una pequeña risa, amarga y melancólica a la vez.

- Sí... y luego encontraría la forma de colarse en su habitación solo para hablarle hasta que despertara - añadió, apretando con fuerza el anillo que aún llevaba en su mano.

Clarke tragó saliva, su pecho encogiéndose al recordar cuánto Lexa y Bellamy habían sido amigos, cuánto se entendían sin necesidad de palabras. Pero cuando más la necesitaron, ella no estuvo. Se alejó, se perdió en su propio mundo, y cuando Bellamy murió, su ausencia se sintió aún más fuerte. Clarke nunca pudo perdonarla del todo por eso. Y ahora, sin él, sin la certeza de que Lexa despertaría, la herida volvía a abrirse. Todo se sentía demasiado vacío.

- Odio que no esté aquí - dijo finalmente Clarke, con la voz rota -. Lo extraño, y la extraño a ella... y no sé qué haré si la pierdo también.

Octavia rodeó sus hombros con un brazo, mientras Echo tomaba su mano con fuerza.

- No estás sola, Clarke - dijo Echo con firmeza -. No importa lo que pase... lo enfrentaremos juntas.

Las tres se quedaron así, sosteniéndose mutuamente en la tormenta de la incertidumbre, sin más certezas que su propio dolor y el lazo que las unía.

***

El reloj en la pared marcaba las 3:47 a.m. El tic-tac resonaba en la sala de espera, sincronizándose con el zumbido bajo de las luces fluorescentes. Clarke no había dormido ni un segundo. Cada vez que cerraba los ojos, solo veía la imagen de Lexa en esa cama, inmóvil, frágil de una manera en la que nunca la había visto antes.

El aroma del café caliente invadió sus sentidos cuando Octavia se acercó y le dejó el vaso entre las manos. El calor contra su piel fría era un recordatorio de que aún estaba allí, de que aún respiraba. Pero Clarke ni siquiera lo notó, sus dedos permanecieron inertes alrededor del cartón.

- No sé qué hacer - susurró, su voz apenas un eco de lo que fue, quebrada, ahogada en la desesperación-. No sé cómo seguir si ella no despierta.

Octavia la observó, su propia angustia reflejada en sus ojos cansados. No intentó darle falsas esperanzas, ni palabras vacías. En su lugar, se sentó a su lado, el crujido del asiento rompiendo el silencio pesado entre ellas.

- Lo único que podemos hacer es esperar... y estar aquí cuando lo haga - respondió con suavidad, pero con un peso inmenso en cada palabra.

Pero a Clarke esperar le resultaba insoportable. La impotencia la carcomía, el miedo se instalaba en su pecho como una piedra que la ahogaba. Apretó los puños sobre el café, el temblor de sus manos delatando el caos en su interior.

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