decimosexta parte.

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En una esquina del despacho, había un cómodo sillón de cuero en tono marrón oscuro, acompañado de una pequeña mesa de té. La mesa estaba adornada con una bandeja que contenía una tetera y una selección de tazas de porcelana fina, junto con una pequeña jarra de agua. Era evidente que el despacho no solo se usaba para trabajo, sino también para recibir visitas y mantener un ambiente acogedor y profesional.

A la izquierda del despacho, en una pared adyacente al escritorio, había una elegante repisa de madera en la que se exhibían varios cuadros enmarcados. Cada uno capturaba momentos significativos en la vida de Harry. Entre ellos, una foto entrañable de Harry con su madre, sonriendo en lo que parecía una celebración familiar. Otra imagen mostraba a Harry junto a su hermana, ambos en un evento social, irradiando una conexión cercana y afectuosa. El cuadro más destacado de la repisa era uno de Harry en el momento en que recibió la presidencia, rodeado de aplausos y sonrisas de los presentes, un Harry mostraba sus hoyuelos con un elegante traje y la bandera de Estados Unidos detrás decorando. Estos cuadros proporcionaban una visión personal y emocional del presidente, contrastando con la formalidad del entorno oficial. Louis dirigió sus pasos hacia allí para poder observarlos de cerca, sus movimientos cuidadosos y medidos para no hacer ruido.

Se detuvo frente a las fotografías enmarcadas, sintiendo cómo su corazón latía con una mezcla de ansiedad y emoción. La primera imagen que captó su atención fue la de Harry con su madre. El pequeño Harry estaba en brazos de una mujer con una sonrisa cálida y maternal, la cual era muy parecida, para no decir idéntica a la que Harry lucía el día de hoy. La foto, de un tono sepia suave, mostraba a Harry con un cabello rizado que se escurría por su frente, sus ojos grandes y brillantes llenos de una curiosidad infantil y pura. La expresión de Harry en la foto, con sus hoyuelos característicos se acentuaban en su rostro, irradiaba una inocencia y una ternura que hacía que la imagen fuera casi conmovedora. Louis no pudo evitar esbozar una sonrisa al observar cómo el niño se veía tan feliz y lleno de vida, contrastando con la figura pública que había llegado a conocer.

Pasó a la siguiente foto, en la que Harry estaba acompañado de su hermana en un evento social. Ambos estaban vestidos elegantemente, con sonrisas amplias que iluminaban sus rostros. Los rizos de Harry estaban perfectamente arreglados, y la mirada que compartían entre ellos reflejaba una complicidad y un afecto genuinos. Louis notó cómo la imagen capturaba un momento de conexión familiar profunda, un recuerdo de momentos felices y de apoyo mutuo.

Finalmente, Louis llegó a la última foto, el retrato oficial de Harry en el momento en que recibió la presidencia. La imagen mostraba a Harry en el centro de un bullicioso evento, rodeado de figuras importantes y rodeado por aplausos y flashes de cámaras. Aunque la foto era formal, los ojos de Harry brillaban con un orgullo y una emoción palpable. Louis observó el porte digno y el gesto de humildad en la expresión de Harry, y una sensación de admiración se apoderó de él.

Luego giró su cabeza y lo sorprendió un marco verde, se veía desgastado y en él una fotografía, era Harry de adolescente, su cabello era largo y estaba atado pero unos pequeños mechones caían por su frente, tenía una camisa a cuadros estilo leñador y se encontraba con todo su grupo de amigos. Era el Harry que Louis había conocido. Acercó el marco de foto para ver donde era. Su mano tembló por un momento y su sangre se heló. Sintió como su nuca se ponía fría y cada una de las gotas de sudor que caían por su espalda. En la fotografía estaba en el festival donde se habían conocido. Esos eran sus mejores amigos de la universidad. No podía mover sus ojos hacía otro lugar que no sea el rizado. "Era aún más apuesto que como lo recordaba" pensó Louis. Los ojos del futuro Presidente estaban brillando en el papel, se veía demasiado feliz y eso no cuadraba con la última imagen que tiene Louis de él, en la de aquel momento era igual a la de un cachorro abandonado. El recuerdo de ellos entre los árboles se hizo presente. L en verdad se sentía una mierda por como lo hizo sentir.

MR. PRESIDENTDonde viven las historias. Descúbrelo ahora