¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Los policías me miran, sé por todos los libros que me hizo leer Nora que no pueden interrogarme porque soy menor de edad y necesito a mi tutor o a mi abogado.
D'Amico me lanza una mirada de autentica satisfacción, parece que soy con lo qué podrá tener a Nora donde quiere. Pobre humano inútil, si supiera...
—Conociéndola, tu abogado no debe de tardar, ni ella tampoco. —habla—, sólo quiero saber algo, Emiliano. ¿Confesaras todo lo que ella ha hecho?
Sostengo su mirada altiva.
—Defina ella, agente.
Sonríe.
—No sólo te hizo su protegido, sino también inteligente. Sabes a quien me refiero, Emiliano.
—No tengo ni la más cercana idea de a quién se refiera, agente. No puedo confesar algo de quien no sé nada.
Cruza sus manos por sobre la mesa, adopta una posición que lo hace parecer que tiene el control, pero es obvio que esta lejos de tenerlo. Si conoce un poco a Nora, sabe que no debe estar tranquilo ni con la guardia baja.
—Tienes miedo, lo entiendo. Pero podemos protegerte, Emiliano, ella no te hará nada. Menos si confiesas.
—Nuevamente, agente, defina ella. Y, nadie puede protegerme y menos usted.
—Tengo contactos, tengo poder. Puedo hacerlo.
—¿Me protegerá como protegió a su padre? —cuestiono—, porque si me protegerá de esa manera, temo que no aceptaré.
Algo se quiebra en él, parece que la culpa no se ha ido y cada día aumenta más.