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Sombra sigue llorando, tuve que mandar traer una niñera para que cuide al bastardo, claramente yo no iba a hacerlo. La niñera se lleva al bastardo y yo me acomodo en el sofá.
—Dijiste que no se dejaría matar tan fácil—me reclama— y esta muerto ahora.
Mi cabeza va a mil por segundo.
—Tú no sabes lo peligroso que era su trabajo, yo lo vi con su padre y con Erén pero, por un momento decidí creer que a Austin no le pasaría, que yo no tendría que pasar eso con él.
—¡Pero lo estas pasando, mi esposo, el amor de mi vida esta muerto! —me exclama en la cara y se lanza a mis brazos después, la sostengo. No podemos caer las dos, es suficiente con el dolor de ambas como para que me deje derrumbar a su lado.
La estrecho contra mí y acepto su dolor, los que han visto mi peor faceta jamás podrán creerse que yo estoy abrazando a alguien y menos que estoy sufriendo por una persona. Pero era Austin, mi niño bello al que le llevo solo 2 años de diferencia.
Después de unos momentos se recupera un poco y me mira, ha manchado de flujo nasal parte de mi traje.
Al menos no fue uno de mis vestidos, aunque hace días que no los uso.
—Perdóname, yo...me deje llevar. —no dejo que se aleje tanto de mí y la hago que me mire.
—Austin era tu esposo, lo conociste de adulto pero yo, sombra. Lo conozco desde joven, lo crie como si fuera su hermana mayor y hasta llego a quererme como su madre. ¿A quién crees que le duele más?
Asiente.
—Tienes razón, tú pasaste más tiempo con él que yo, pero entiéndeme Nora, ese hombre curo mi corazón roto y ahora ya no esta.
—Iremos, lo despedirás como debes y te juro, sombra—me mira fijamente—, su muerte no se quedara así. Voy a pagarle con la misma moneda a quien creyó que podía hacer esto sin salir indemne.
La dejo ir, necesita llorar en privado su dolor, solo ella sabe lo que paso con Austin así como solo yo sé todo lo que pase con él. Yo también me voy a mi habitación, entre lo de Emiliano y ahora lo de Austin parece que caeré en la locura.
Mis manos tiemblan al tomar una de las fotos que tengo de Austin, recorro con mi dedo su rostro, esos ojos brillantes, su sonrisa resplandeciente, superando el dolor de haber perdido a su padre y ahora ¿yo qué? ¿Cómo lo afronto?