◖Capítulo 13◗

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Nora.


Patricia esta más que asustada, tiembla en la silla de metal en la que esta sentada y atada, los golpes que tiene deben de doler más por el frío del metal pero ¿a que más podía aspirar al arrastrarse hasta mi casa? 


—Entonces, Patricia. Cuéntame que te trajo hasta mi casa de nuevo, pero ahora en estas condiciones. 


—Arruinaste mi vida, me golpearon por tu culpa y por la de ese bastardo—mira a Emiliano o al menos lo intenta ya que dudo que con ambos ojos morados vea bien.—, me azotaron ochenta veces.


—¿Fanáticos de la cultura musulmana? —me burlo— ¿ y qué culpa nos adjudicas, Patricia?


—Sino lo hubieras llevado y presentado, yo no estaría así. Golpeada, humillada y desechada de nuevo. 


Me siento frente a ella, veo directo a sus ojos morados e hinchados.


—Si tú no hubieras venido con ese aire de grandeza a querer imponerte sobre mí, yo no habría tomado ninguna represalia. ¿Pensaste que saldrías indemne por ese numerito tan patético que hiciste? Por un momento te creí más inteligente, Patricia. 


—Y yo te subestime. 


—No eres la primera que lo hace, y no serás la última. Lo que si será lo último, es esta oportunidad—cruzo mi pierna—, te deje ir demasiado fácil la primera vez, esta ocasión no será igual. 


—Me matarás. 


—De hecho, morirás, pero yo no lo haré—miro hacia mi lado izquierdo donde Emiliano esta petrificado—, tu hijo lo hará.


—Madame...


—Cállate—lo obligo—, cruzaste una línea riesgosa antes de venir aquí, ahora asume las consecuencias con el mismo valor con el que me retaste. 


—¿Estas son las consecuencias? 


—¿Esperabas menos después de como me desafiaste? —me levanto y camino hacía él—, es lo menos que te mereces por darle un mordisco a quien te esta dando la vida que solo podrías haber soñado a lado de la rata asquerosa de tu madre. Quien lo único bueno que hizo fue abrir las piernas para que la preñaran de ti. 


—Pero madame...—tomo su mandíbula y lo atraigo hacía mí—, madame no. 


Lo beso, lo muevo en un ángulo en el que su madre puede ver como le como la boca, como meto mi lengua que danza junto con la suya. Termino el beso con un sonido obsceno, le dejo manchada la boca de un rojo intenso, letal. 


—Ahora, vas a hacer lo que te digo o ¿quieres pagar las consecuencias tú? —acaricio la marca en su cuello que dejo la soga—, no lo creo ¿verdad? 


Niega.


—Bien, ahora se un buen chico y mata a esa rata asquerosa. Después te recompensare como te gusta—acerco mi boca a su oído—, dejando que me penetres hasta que te corras. 

MounstroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora