◖ Capítulo 12◗

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Emiliano. 


De vuelta a Chicago, nos reciben con gusto y con un nuevo integrante. El hijo de Austin y Sombra nos mira, Nora lo mira con precaución, parece que le desagrada que sea un bebé. Por lo que escuché, pensó que sería alguien más consciente, como yo. 

Austin y Sombra esperan que ella diga algo y el suspenso que mantiene aumenta la tensión. Al final sonríe. 


—Es un bebé precioso—se acerca y abraza primero a Austin y luego a Sombra, a ella le dirige una mirada amorosa, una que jamás podrías imaginarte de ella—, será un gran futuro delegado—ve a Austin al decir eso.— ¿Y su nombre es?


Sombra y Austin se miran y por esa mirada que comparten, están dudando si decirlo o no.


—Alessandro—Nora, que miraba al bebé alza su mirada hacia los padres. 


—¿Alessandro? —pregunta y ambos asienten—, ¿por qué eligieron ese nombre? —Austin y Sombra miran al bebé sonriendo. 


—Porque queremos criar a un hombre bueno y respetable como lo fue tu padre—Austin habla, Sombra asiente sonriente—, y queremos que tu también estés involucrada en si crianza y, aunque sé que es demasiado pronto, debo preguntar si quieres ser su madrina.


Eso saca por completo de su zona a Nora que los sigue mirando como si le hubieran contando un mal chiste.


—¿Nora?—pregunta Austin. 


—Cariño, creo que la abrumamos—Sombra agacha su cabeza—, tal vez nos excedimos en ponerle el nombre de tu padre sin consultarte, comprendemos si nos reclamas o si te niegas. Tal vez querías ponerle ese nombre a tu hijo...


—No—interrumpe Nora—, yo no tendré hijos, por lo que aprecio que hayan considerado interesante el nombre de mi padre para su hijo—sonríe pero yo sé que detrás de esa sonrisa hay pura furia—, claro que seré su madrina. Lo educare para que se convierta en alguien digno de portar el nombre de mi padre. 


Y ahí está, un poco del veneno de esa furia disfrazada con una sonrisa. 


—Estoy feliz por ustedes, si me disculpan debo llevar a Emiliano a un lugar. 


Me toma por el brazo y salimos de la casa del delegado, su guardaespaldas que besa el piso por donde ella camina abre la puerta de la camioneta en la que sube ella primero y después yo. 

Durante el camino reina el silencio en el que los recuerdos de la última noche en la ciudad a la que me llevo invaden mi mente. Ella desnudándose, quedando en esa lencería que involuntariamente me puso duro, es una mujer hermosa y joven no puedo negarlo, ni tampoco el hecho de que muy a contra de mi razón, me corrí dentro de ella más de una vez. Lo que no sé en que me convierte, pues disfrute del éxtasis de estar sobre ella y detrás de ella embistiendo. 

Estacionan la camioneta fuera de un edificio abandonado, no es un rascacielos pero si tiene una altura considerable, tampoco se ve imponente pero si bien cuidado. 

MounstroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora